donde se abren las puertas del cielo.

Las primeras iglesias que se construyeron en La Palma no datan del siglo XVI sino mucho antes de la propia existencia de Cristo. Las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente son testigos mudos de la presencia de los primeros humanos que construyeron, al aire libre, unos amontonamientos de piedras de forma circular con un perímetro, en el mayor de los casos, de lajas hincadas en el suelo y rellenos de rocas y/o lajas de distintos tamaños. Se trata de sencillos recintos sagrados que suponen la primera manifestación arquitectónica religiosa de la isla de La Palma.
Los amontonamientos de piedras se dispersan aislados o agrupados configurando un sistema que rinde culto al Sol en el momento de la llegada del Nuevo Año (solsticio de invierno), justo en el mismo instante en que asoma, al amanecer, por los picos más elevados de las montañas de las cumbres de Garafía, Puntagorda, Tijarafe y Tenerife. Esta tradición ancestral de orientar los templos hacia los solsticios continuó hasta nuestros días. Las iglesias cristianas, no sólo las de la isla de La Palma, orientan su cabecera hacia el Sol naciente del verano y los pies hacia el Sol poniente del invierno.


Los axis mundi del pensamiento awara
(prehistoria de la isla de La Palma, Islas Canarias)

PROYECTO: "Iruene-La Palma"
LÍNEA DE INVESTIGACIÓN: Prehistoria de Posición Astronómica (PREPOAS)

amontonamientos de piedras

los awara buscaron la altura estableciendo un principio ideológico asociado a la topografía

los awara buscaron la altura estableciendo un principio ideológico asociado a la topografía
Amanece desde el amontonamiento de piedras de Cabeceras de Izcagua II, durante el solsticio de invierno, por Roque Chico (Puntagorda). Este es uno de los mejores ejemplos de comunicación con la montaña y el cosmos en una geografía sagrada
"Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen:"no veo nada". Pero la fuente de luz está ahí no para que se la mire a ella, sino para que se mire y vea lo que ella ilumina. E igual pasa con el simbolismo" (Dan Sperber).


Había una época que cuantos más yacimientos prehistóricos encontraba, menos entendía la cultura awara. Ahora que hemos abierto la puerta, cuantos más encontramos, más entendemos. Así de sencillo.

14/09/09

¿Cómo marcaron el tiempo los awara?

Asociar la astronomía, entre otras ramas científicas, con los estudios clásicos de la arqueología, nos permitió sistematizar toda una gama de datos hasta obtener resultados mucho más exactos, básicamente por el uso de material de campo y soportes informáticos, realizando cálculos de ciertos fenómenos astronómicos sobre los restos prehispánicos (principalmente lunasticios, solsticios y equinoccios) y las referencias topográficas más destacadas en el terreno.
El hecho de que los mismos fenómenos astronómicos hayan sido contemplados por distintos grupos humanos, nos permite, al comparar estas diferentes miradas, aprender mucho sobre las sociedades que las originaron. Debido a su falta de tecnología y conocimientos científicos, las culturas primitivas confían en el control divino del universo. De este modo, la magia de las pinturas en la edad de las cavernas, expresión de un culto en la penumbra, dio paso a los cultos cósmicos en los que los movimientos de los astros son los que van a marcar las referencias para regularizar y compaginar los ciclos estacionales con el de los animales y las plantas. Entramos, de este modo, en una fusión triple que podemos denominar trilogía preaxial: hombres/naturaleza/cosmos. Es de sentido común aglutinar naturaleza y cosmos para dar carácter a la vida humana, pues en la visión del mundo indígena awara (antiguo habitante de la isla de La Palma) se mueven el cosmos, la naturaleza y el hombre como una unidad que gira alrededor del eje del cielo en el tiempo y el espacio. Esto es el principio básico de una religión cósmica.
Todas las civilizaciones del mundo, desde la más remota prehistoria hasta nuestros días, observaron maravillados el cielo y descubrieron fenómenos cíclicos como el movimiento de los planetas, cometas, la posición de las estrellas y galaxias. Suponían que lo que veían se conectaba directamente con su mundo y la naturaleza en todas sus formas de vida. Este aspecto práctico de la observación celeste se dio en forma paralela con la evolución de conceptos habituales que condujeron a la caracterización específica de deidades con ciertos cuerpos celestes. Miles de años de observación paciente y cuidadosa fueron necesarios para lograr la complejidad de conocimientos que luego fueron plasmados sobre el terreno.
Las distintas culturas han creado muchas maneras de medir el tiempo, valiéndose de tecnología específica. El mejor invento fue sin duda el calendario, utilizado para situarse en el tiempo, con dos variantes: el calendario solar que se computa por el ritmo del Sol, siendo propio de las culturas agrarias y el calendario lunar, regido por el ciclo de la Luna, más propio de los pueblos nómadas o ganaderos.
Los calendarios se inventaron originariamente con criterios más allá de la pura medición temporal, de la cronometría; simbolizaban una concepción totalizadora e instrumental del conocimiento, constituyendo parte esencial de la misma Creación Universal. Calendarios y astronomía forman parte y son expresión de un mismo proceso: el desarrollo histórico de la observación del cielo, el ciclo de las estaciones y la naturaleza; es decir, del cosmos, en el cual el hombre se ve inmerso y del cual se siente partícipe.
Para determinar si un monumento tiene un sentido calendárico-astronómico, tiene que encontrarse un vínculo entre su alineación espacial y el tránsito aparente del Sol, la Luna o las estrellas por la bóveda celeste. Es decir la arquitectura tiene que guardar un orden con el cielo. Las direcciones en el espacio tienen trascendencia universal. Las viejas sabidurías elaboraron calendarios adatados a su forma de ver y entender el tiempo. Se convirtieron en vitales, pues experimentaron el tiempo en el presente eterno, actualizado y renovado cada año.
En la isla de La Palma, los awara demarcaron las regiones del cosmos, procedieron, con los dioses, a establecer el punto de unión de las distintas partes del universo. Su cosmología tiene su máxima expresión a más de 2.100 m de altitud, en la base o perímetro cercano a la gran montaña sagrada: el Roque de Los Muchachos, eje del mundo y corazón referencial más sagrado en la tierra. Amontonamientos de piedras y grabados rupestres fueron los dos elementos usados para sacralizar los lugares elegidos. Para ello, construyeron unos 70 templos a modo de pequeños círculos de piedras en las cumbres que contornean el portentoso cráter de La Caldera de Taburiente, destacando, por encima del resto, dos marcadores del tiempo complementarios -separados 500 m de distancia- basados en los movimientos del Sol y la Luna:
1.- Marcador solar sencillo de Cabeceras de Izcagua donde se puede admirar la llegada de los solsticios de verano e invierno y los equinoccios mediante alineaciones de amontonamientos de piedras con la montaña y el Sol.
2.- Marcador lunisolar complejo de Las Lajitas, formado por 18 amontonamientos de piedras, desde donde se puede apreciar la salida del Sol por la misma cúspide del Roque de Los Muchachos en el solsticio de invierno y el arco que va dibujando, año tras año, la salida de la primera Luna del verano en un ciclo que se repite cada 18 años.
* Artículo publicado en el periódico La Voz de La Palma, 10-24 de septiembre.

26/05/09

de momias y cairns


Restos de círculos de piedras en el Norte de África
"De manera indirecta, las momias guanches, nativas de las Islas Canarias, fueron casi exterminadas en el siglo XV por los conquistadores españoles ¡en nombre de la fe cristiana! Algunas tribus se mantuvieron hasta el siglo XVII. Una de estas momias, guardada en un laboratorio de la Universidad de Cambridge, analizada por el profesor Anthon y un equipo multidisciplinar, reveló una estrecha relación entre los guanches y los egipcios (Documental británico Howard Reid (1999).
Nos encontramos ante un pueblo troglodita, cuyos rituales y técnicas de embalsamamiento de los muertos -relacionadas con la incisión abdominal de Egipto, la evisceración y el relleno, el depósito de ánforas, armas, herramientas de la vida cotidiana- sugiere unas relaciones de proximidad con la potencia de Egipto. Los investigadores de Cambridge fueron más lejos aún en su investigación determinándola como un eslabón perdido entre Egipto y las Islas Canarias. Se encuentran entre los bereberes del sur de Marruecos las mismas características: aldeas trogloditas iguales, sitio de entierro con idéntico embalsamamiento de los muertos, los lugares de ofrendas de leche a la diosa de la fertilidad.
Aún más sorprendente, habida cuenta de la exploración de una zona de largo conocido, la presencia de los pequeños Cairns escalonados, de piedra seca orientados al sol. Por último, los signos y la escritura circulares comunes a ambos pueblos constituyen un matiz sólido en la certeza de una estrecha relación de la cultura egipcia, bereber, guanche" (www.membres.lycos.fr/traditionrevelation/Archeologie).

13/01/09

Estrategia ritual arquitectónica para religar la montaña y el cosmos


“Lo más hermoso que podemos experimentar es lo misterioso” (Alber Einstein)

Uno de los grandes problemas metodológicos en la arqueología es determinar el significado religioso de un objeto. Generalmente, cualquier objeto o construcción que no alcanzamos a darle una explicación funcional económica o estética, la etiquetamos como religiosa.
Tradicionalmente, el materialismo histórico ha desechado el análisis y la reflexión de la religión prehistórica canaria. En los últimos años, sin embargo, las creencias religiosas de las sociedades prehistóricas se enfrentan a un creciente interés por parte de algunos arqueólogos e investigadores de Canarias que usan ampliamente las fuentes históricas y etnohistóricas, entre otras. Si hoy asumimos que la religión desempeña un papel importante en las sociedades modernas, imaginemos, por un momento, el protagonismo que alcanzó durante la prehistoria. ¿En qué medida los conceptos de la Ilustración y del cristianismo influyen en nuestra imaginación de las religiones de la prehistoria? La razón proclamada por nuestros antepasados ilustrados fue ciega en relación a esos sustratos religiosos, juzgados y fiscalizados como mera superstición en muchos casos.
Al encontrase en un callejón sin salida, es lógico pensar que gran parte de la prehistoria de Canarias debe ser reescrita, nuevamente reinterpretada. No podemos seguir comprendiendo antiguas ideologías religiosas con esquemas modernos de pensamiento. A modo de ejemplo, para nosotros una montaña no es más que una simple elevación natural del terreno de cierta consideración y, por supuesto, no contiene nada espiritual. Sin embargo, la veneración de las montañas juega un papel central en la cosmología y religión entre la mayoría de los pueblos antiguos del Planeta y, por su puesto, entre los awara como lo demuestran los primeros documentos etnohistóricos y los restos prehistóricos de altura. También destacamos que entre los beréberes actuales la veneración de montañas forma parte de un núcleo de creencias religiosas y concepciones cosmológicas tradicionales.
Los primeros textos etnohistóricos de Canarias recogen perfectamente los principales fundamentos de la sacralidad de la montaña, los astros y las estrellas del cielo. Así, en Fuerteventura “adoraban a un Dios, levantando las manos al cielo. Hacíanle sacrificios en las montañas, derramando leche de cabras con vasos que llaman gánigos, hechos de barro” (Abreu Galindo, siglo XVI).
En Gran Canaria ”tenían dos riscos muy altos, donde iban con procesiones en sus necesidades: el un risco se llama Tirmac, en el término de Gáldar, y el otro risco se llamaba Umiaya, en Tirahana, que dicen los Riscos Blancos ,término de Telde; y quien juraba por Tirmac o por Umiaya, se había de cumplir, por ser juramento grave. Adoraban a Dios alzando las manos juntas al cielo.
Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Iban a estas montañas, y allí derramaban la manteca y leche, y hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos una gran grita. No tenían distinción en los días del año, ni meses, más que con las lunas”
(Abreu Galindo).
En La Palma "... y en tierra, en la cumbre de las montañas llamadas Tedote; y encima de ésta hacían sus sacrificios de leche y manteca" (Leonardo Torriani, siglo XVI).
Entre los awara comprobamos, por sus restos, la existencia de una estrategia sistemática de dominación ritual mediante la edificación, en sitios trascendentes, de amontonamientos de piedras, acompañados de numerosos grabados rupestres. Hay una trama indiscernible de pensamientos y sueños que conecta con otras tramas y se relaciona con texturas de distinta índole y de distintas naturalezas.
Estas estructuras ceremoniales comunales fueron intencionalmente construidas en una estrecha asociación física y simbólica con las montañas y el primer Sol del Año. El lugar predilecto se encuentra entre el Morro de La Cebolla (Barlovento) y Pico Palmero (Tijarafe), aunque los espacios más emblemáticos se localizan en el actual término municipal de Garafía. Un foco secundario comprende las cumbres de Santa Cruz de La Palma: Barranquera Abierta, Los Roques y Pico Corralejo, ventanas privilegiadas para observar la espectacularidad de las montañas de la isla de Tenerife.

Un monumento excepcional como es un amontonamiento de piedras, emplazado a más de 2.000 m de altitud ¿a qué referencia responde? ¿Por qué se encuentra en este lugar y no en otro? ¿Al no existir en cotas bajas, la altura tiene algo que ver? ¿Qué atracción representaba la topografía y el cosmos? En estos sitios, el atributo referente al concepto sagrado no podemos separarlo del significado religioso. Entonces, ¿podemos hacer una reflexión sobre lo que los awara pensaban a través de sus restos pétreos?
En lo más alto de nuestra geografía, a menudo los estudios arqueológicos se olvidan de las primeras construcciones arquitectónicas, perdiendo una enorme información a cerca del espacio y el impacto en el espectador a través de metáforas visuales como son las montañas, los propios amontonamientos de piedras y los grabados rupestres (símbolos geométricos) asociados como parte de un sistema con varios niveles de ideas cosmológica. Los ejes de orientación están ligados a una cosmología en un lugar asombroso.

“Ciertamente, la sacralidad de un sitio puede depender, en buena medida, de su propio aspecto, pero para que podamos hablar de un santuario no es suficiente que el lugar en sí sea o parezca "sagrado", sino que hace falta algo más. En último término esta aproximación deja en manos del individuo o, mejor, de la comunidad, la elección del lugar en el que va a rendir culto a sus dioses, aun cuando la propia naturaleza "oriente" esta elección; esta forma de ver parece, en último término más acertada que la que algunos autores han venido propugnando a lo largo del tiempo y que puede resumirse con la frase de Blázquez: "la situación de los lugares sagrados no se fija según las reglas de elección de las ciudades, sino en función de condiciones naturales particularmente favorables a la manifestación de lo sagrado" (Adolfo J.Domínguez, www.ffil.uam.es/antigua/piberica/santuarios/santuario1.htm).

07/01/09

La montaña y el cosmos en la concepción religiosa awara


“La configuración de los territorios indígenas obedece a la reconstrucción del espacio
sagrado desde donde se generan sus políticas y sus comportamientos”
(Jair Zapata, indígena arhuaco).

¿Existen imágenes o lugares portadores de un significado religioso? Las huellas de cuantiosos elementos religiosos dejadas sobre el terreno lo confirman. Hasta el momento, las descripciones de los aspectos formales y aparentes es lo único que han hecho los arqueólogos, evidentemente limitados por sus métodos de trabajo. Y cuando han intentado dar una explicación a su presencia lo han relacionado exclusivamente con las estrategias de subsistencia de la población. Por ejemplo, la división política insular, el abandono de algunas cuevas en determinados momentos, la reducción o el abandono de la práctica de grabar piedras y otros cambios “son explicados solamente a través de determinaciones medioambientales, como una crisis climática o un aumento de la presión demográfica, que provocan un desequilibrio entre recursos y población” (F. Pérez Caamaño, 2007).
La incapacidad de esta arqueología para acercarse, si quiera, a la ideología de estas personas, los ha obligado a especular sin demostración con datos arqueológicos, por lo que cualquier afirmación siempre es de tipo generalista. Es un tema inabordable por la arqueología que proyecta nuestra manera desacralizada de entender un sitio alto, pues nuestro pensamiento moderno no tiene espacio para procurar un sentido religioso a una montaña, aunque sí a una iglesia o a un cementerio (por tradición cultural cristiana).
Hemos tenido la suerte de hablar directamente con un indígena de origen quechua y nunca nos habíamos imaginado la cantidad tan profusa de repertorio sagrado que contiene una montaña. Ya se que los Andes no es el Roque de Los Muchachos, pero la idea, el concepto de altura y sacralidad es equivalente. Para la forma de pensar del hombre antiguo, la orografía de la montaña, ya de por sí, es característico, encima, la carga de sentido más profundo al ser sede de algo sagrado. La eficacia simbólica debe ser manifiesta de alguna manera.
El pensamiento de los pueblos indígenas es necesario entenderlo de manera sistémica, como unidad, no como partes que explican situaciones, sino como procesos continuos y coherentes unidos por un cordón umbilical al pensamiento ancestral, desde donde se explican la concepción del espacio y el territorio sagrado. El espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y de hacerlo diferente, estos espacios se revisten de signos, códigos y lenguajes que indican la sacralidad del lugar, la orientación, las formas… y los procesos de comunicación que mantienen con otros espacios sagrados, los cuales proveen el equilibrio necesario para la subsistencia de los individuos o grupos. Así, el territorio sagrado constituye la lógica que las distintas comunidades adoptan para la construcción y simbolización de su entorno (Jair Zapata Torres, www.alberdi.de/ESPACIO%20%20Y%20TERRITORIO%20SAGRADO-Jair,actu,02.06.07.pdf).
Este tema es verdaderamente inagotable, ya que los atributos tradicionales de la montaña son innumerables y cada uno de ellos necesitaría de un repertorio de comentarios y precisiones infinito. La montaña sagrada es un símbolo con carácter universal: se halla en la base de las tradiciones religiosas de las principales culturas del mundo. Ha sido considerada históricamente el centro del mundo, un lugar de revelación o de oración, la residencia de los dioses, el ombligo, el lugar donde el hombre puede conectar con los dioses. En cualquier caso, es una de las más importantes manifestaciones de lo divino. La montaña es un sitio misterioso; en su cima, en medio del silencio y la soledad, se experimenta el sobrecogimiento de lo infinito y lo trascendente.
Muchas son las religiones que tienen una montaña santa donde fue creado el mundo, donde habitan los dioses, donde se les rinde tributo, donde el cielo se une con la tierra. Quizás por eso, la montaña aparece como el primer santuario y primer altar. Constituye un espacio sagrado, el cual puede estar o no acompañado de un templo. En cualquier caso, la montaña es en sí misma un símbolo del templo, del mismo modo que el templo, cuando se expresa como un amontonamiento de piedras (entre otras formas arquitectónicas), simboliza la montaña sagrada.
¿Qué tipo de contacto practicaron los awara con la montaña? ¿Qué características de las montañas fueron importantes? ¿Podemos considerar las montañas como lugares sagrados? ¿Qué tipo de respuestas se pueden obtener sobre la base del registro arqueológico? ¿Por los restos encontrados, podemos considerarlas lugares de culto?
A excepción de los aprovechamientos ganaderos de los pastizales de alta montaña, nadie ha explicado el carácter sagrado de las montañas de la isla de La Palma durante la prehistoria.
Algunos parecen que todavía viven en la más tierna infancia y no saben que nuestros ancestros, con una visión diferente por supuesto, tuvieron una insaciable curiosidad por las estrellas del cielo, reconocieron el poder organizativo del cosmos y articularon el espacio (en puntos concretos de la montaña) y el tiempo (por la posición del Sol, los planetas, las estrellas y la Luna), creando su propio calendario. Este conocimiento astronómico estaba, obviamente, centrado en el Sol como punto de referencia que regía todas las actividades humanas.
Nuevamente, Jair Zapata Torres nos desvela que el Sol es el gran tejedor de vida, que irradia conocimientos a través de su movimientos (equinoccio y solsticio) determinando los rumbos y los mundos, el arriba y el abajo, la luz y la oscuridad, como relaciones complementarias que tejen un sistema operativo ordenador de espacios comunitarios en que la cruz multidimensional toma importancia en la explicación del centro y el entorno como relaciones intrínsecamente ligadas a la construcción de un pensamiento sistémico que ordena el territorio a partir del un punto como centro del universo y desde allí se relacionan con otros puntos que engendran las redes de la unidad.
El santuario está siempre situado en el centro del mundo y es concebido como tal. Los awara establecieron axis eligiendo una forma de construcción sagrada mediante piedras amontonadas, después de establecer un perímetro de lajas o rocas grandes y luego rellenar de tierra, lajas y rocas más pequeñas para construir sus santuarios sagrados. Fueron acompañados de miles de símbolos sagrados (grabados rupestres) tallados en la piedra. Todos estos templos representan una geometría sagrada que tiene por objeto proporcionar un modelo del cosmos convirtiéndose en lugares de poder, en verdaderas ventanas abiertas para celebrar, como hemos podido comprobar, la llegada del Nuevo Año durante el solsticio de invierno.
Ahora el espacio está ordenado al incorporar al elemento natural (la montaña, el Sol y la Luna), elementos artificiales (los amontonamientos de piedras y los petroglifos) que dan sentido a la construcción de los conceptos de territorio, allí donde el pensamiento y la acción se encuentran intrínsecamente unidos. Es así como los sistemas constructivos responde a un diálogo entre el hombre, la naturaleza y las deidades, como espejo y reflejo del cosmos.

05/01/09

Amontonamiento de Barranquera Abierta (Santa Cruz de La Palma)


Se sitúa en el extremo norte en lo alto de una pequeña meseta, a 2.110 de altitud, en la cabecera de Barranquera Abierta. El amontonamiento se dispuso sobre una plataforma de grandes rocas en la que destaca una piedra vertical de más de 1 m de tamaño, desde donde parte la acumulación de rocas de distintos grosores. Al adaptarse a la disposición de la base, adquiere una forma casi ovoide.
Es un amontonamiento de grandes dimensiones, las piedras más grandes forman el perímetro de unos 11 m, el diámetro es de unos 4 m y la altura supera 1 m. Una parte aparece derrumbada. El relleno, unas 300 rocas, tienen dimensiones más pequeñas.
El Sol, durante el amanecer del solsticio de invierno, aparece exactamente por detrás de la silueta del sombrero de Chasna (isla de Tenerife).

24/12/08

La tradición bereber del Ennayer: Año Nuevo awara


Para entender el presente, tratando de atravesar la oscuridad de su futuro, el hombre debe reconstituir en la medida de lo posible su pasado.
La religión bereber contiene tradiciones animistas, la práctica de la magia y la adivinación, muy extendida en los círculos populares. Sigue siendo en general muy comprometida con el culto de las manifestaciones de la naturaleza,, celebraciones y ceremonias dedicadas al agua (por ejemplo la celebración de Anzar, dios de la lluvia.). Las montañas son consideradas como los templos de los dioses y espíritus, cuevas, manantiales, árboles, lugares de peregrinación temporal siguen siendo frecuente hoy en día.
El académico D. Vicente García de Diego, en su Diccionario de Voces Naturales, destaca el papel dominante de la onomatopeya, en los diferentes idiomas, en la raíz de los vocablos, en especial los relacionados con los entes y fenómenos naturales. La raíz K-R-K recuerda, por un lado, el ruido de rotura de un objeto duro y, por otro, el golpe entre objetos duros, de donde viene el significado de dureza, fuerza o cubierta dura que se rompe con “crujido”.
En el norte de África, el verbo ZKO -izka, ur izké ad Izko- significa en lengua bereber tanto construir como enterrar e ikerkar (plural akerkour), es un amontonamiento de piedras sagrado que sirvió para marcar la ubicación de los primeros entierros en el Sáhara. En algunos lugares se convirtieron en monumentos funerarios reales, y no estamos refiriéndonos a Egipto.
“Después de días de caminata a través de la montaña, el desierto de Jbel Sarho en Marruecos, subí una noche a la cumbre más alta, donde encontré Cairns de todas las formas y tamaños esparcido. Tres días más tarde, un nómada me explicó que se trataba de un lugar santo de peregrinación a la que debe hacerse una vez al año… Unos meses más tarde encontré otro de esto lugares, por así decirlo, aislados santuarios, en la parte superior de una de las más duras montañas del Alto Atlas, Jbel Anghomar. El ascenso es difícil… En la cumbre, azotada por el viento y con una amplia vista sobre el Sáhara y el Alto Atlas, era una masa de Cairns, “kerkours" como la llaman los bereberes” (findarticles.com/p/articles/mi_m1310/is_1997_May/ai_19557182/pg_2).
Estas poblaciones preislámicas también construyeron este tipo de amontonamientos para celebrar el amanecer de los dos solsticios, la puerta de Ennaïr en diciembre y Ansara en junio. Este culto solar está unido al agua, la tierra y la Madre (Ma, Amma, Yemi, Imma, Omma, Ummu). Las formas, según la religión y el idioma original, permanecen en la Kabila: Aman , Imin, Imma "madre".
“Sigue vivo en muchas partes del mundo, en concreto, entre las tribus bereberes del noroeste de África, ver el sol nuevo -Año Nuevo- desde las montañas o Cairns. Yennayer / ennayer (Año Nuevo bereber) significa la renovación o el despertar de la naturaleza después de su sueño. J. Servier utiliza el evocador nombre de la puerta del año, aunque el término se utiliza normalmente sólo en el singular para indicar el periodo del solsticio de invierno. Los equinoccios también lo celebraban los bereberes con fiestas y oraciones dirigidas a los numerosos dioses de la naturaleza” (fr.wikipedia.org/wiki/Calendrier_berbère). El mes de yennayer está marcado por el regreso a la tierra de los muertos y el desempeño de la fuerza de la fecundidad.

“Todos los pueblos de la antigüedad y todas las civilizaciones antiguas tenían su propio calendario… si nuestros antepasados tenían sus pies en el suelo, tenían encima de la cabeza las estrellas. Pasaban las noches contemplando esos miles de millones de pequeños puntos brillantes en el cielo. Notaron también el cambio en el aspecto de la luna y durante el día, veían el movimiento del sol y el cambio de tiempo. Luego comenzó a contar los días, meses y estaciones del año. Con el fin de comprender estos fenómenos astronómicos, sobre todo en un deseo de controlar el tiempo, es donde nacen los calendarios” (lapetitehistoiredanslagrande.blog.ca/2005/08/25/yennayer_et_les_calendriers~141491).
El bereber de antaño, usaba como base de su conocimiento, dos calendarios: el primero referido al ciclo regular de la vegetación que más tarde, se asoció al otro de los hitos celestiales, siguiendo el ritmo del movimiento de las estrellas. Su funcionamiento nos ha enseñado que hay dos "puertas del Año": uno que inicia el período agrario (anebdu), se fijó para el 13 de agosto del calendario gregoriano (1 de agosto del calendario juliano), cuya marca celestial obligada es el momento de la aparición de Sirius (estrella de la constelación Canis Major ). El otro llamado "tabburt u segwas" (la puerta de todo el año) el primer día "amenzu n yennayer" se celebra anualmente por toda la nación bereber.
Así que el momento más importante del año es el Solsticio de invierno (Yennayer), que se retraza unos días para dar comienzo al nuevo calendario agrícola. “es una oportunidad para hacer balance de un año que termina y la preparación de un otro que comienza. La oportunidad es especialmente propicia para la renovación de las fuerzas espirituales, mediante los ritos y el sacrificio expiatorio del hambre y la miseria, y atraer una gran cantidad de alimentos. Hoy en día, ese objetivo sigue para apoyar la celebración de la fiesta, aunque las formas varían de una región a otra. La práctica de otros ritos, siempre motivados por la búsqueda de la fecundidad, se asocia con la ceremonia de anuncio de la felicidad y la prosperidad” (www.lejourdalgerie.com/Editions/120108/Rubriques/Culture.htm)
En la isla de La Palma los calendarios prehispánicos -lunisolar de Las Lajitas y solar de Cabeceras de Izacagua- tienen estructuras artificiales (amontonamientos de piedras) que imitan la montaña y se relacionan directamente con la cumbre más alta, el sagrado Roque de Los Muchachos, para marcar el tiempo.
Elevar piedras amontonadas hacia el cielo sigue siendo un misterio para nuestros ojos modernos; sin embargo, los awara marcaron sus axis uniendo la montaña con el Sol en el preciso instante de la llegada del Nuevo Año (solsticio de invierno).

Que felicidad tan grande se puede sentir cuando revelamos, después de 500 años oculto, el mayor de los secretos del pueblo awara. Y esto no es nada, lo elemental está ahí fuera, en cada uno de los yacimientos prehistóricos.

23/12/08

Amontonamiento de la degollada del Barranco de Los Hombres (Barlovento)

El amontonamiento de piedras se encuentra a unos pocos metros del abismo de La Caldera de Taburiente, en frente del Bejenado, lugar privilegiado para admirar sus impresionantes riscos. El hecho de que el camino de cumbre pase pegado a la estructura demuestra la extracción de piedras para señalar la ruta. Por ello, se encuentra bastante alterado, casi vaciado en el interior y con rocas que están fuera del perímetro.
Su construcción se realizó levantando un círculo de piedras de unos 8 m de perímetro, 3 m de diámetro y una altura de 0,50 m. El interior tiene una base de tierra, piedras pequeñas y otra capa de pedruscos de mayores dimensiones.
Desde el amontonamiento podemos observar, en el momento de la salida del Sol durante el solsticio de invierno, como amaga con aparecer, durante unos minutos, por lo más alto de un roque que se encuentra a unos 100 m de distancia y, sin embargo, el rayo de luz explosiona por la esquina inferior, marcando el final del trayecto sur del recorrido solar. El amontonamiento de piedras comienza a iluminarse por la esquina norte y se va llenando de luz en su desplazamiento hacia el extremo sur.

22/12/08

Amontonamiento Tabladitos I (Barlovento)


Se situa sobre un morro, a 2.040 m de altitud, donde el Lomo de Gallegos (Barlovento) se estrecha, en la transición del bosque de pinar con el codesar de cumbre. Una ventana privilegiada para observar la silueta de la isla de Tenerife y su majestuoso Teide.
El amontonamiento está bastante afectado por las obras de la pista forestal; gran parte de sus piedras fueron aprovechadas para construir un muro, que recientemente fue derribado para pasar una tubería de agua. La limpieza del lomo para establecer un cortafuegos entulló parte del amontonamiento.
Lo que queda presenta un diámetro de 3 m, un perímetro que supera los 8 m y una altura de 0,5 m. Se conserva la base de piedras del perímetro, el interior de tierra y piedras pequeñas a las que se superponen otras de mayores demensiones.
Actualmente contiene un grabado rupestre meandriforme mal conservado y dos restos cerámicos de las Fases III y IVa.
Es otro caso de amontonamiento de piedras que se orienta, durante el amanecer durante el solsticio de invierno, con el Teide.


Amontonamiento Tabladitos II (Barlovento)

Se encuentra sobre un amplio rellano dominado por el codesar situado en el sitio de Tabladitos, a 2.100 m, en los altos del municipio de Barlovento. Curiosamente se asienta en el margen izquierdo del amplio lomo, muy cerca de la pista forestal de Gallegos.
El amontonamiento está hecho de grandes piedras, las mayores forman el perímetro exterior. La base interior contiene tierra y piedras muy pequeñas, se superponen rocas de tamaño grande y medio. Poco más de cien piedras componen este amontonamiento que mide unos 3 m de diámetro y 0,80 m de altura.
Para ver la salida del Sol en el solticio de invierno por detrás del Teide debemos elevarnos por encima de un espeso manto de matorral de codeso.

Amontonamiento Barranco del Cedro II (Garafía)

Para llegar a este lugar debemos iniciar el descenso por la misma cabecera del barranco, por un lomo que nos lleva a la zona de La Mata (Garafía). Las vistas son espectaculares. El amontonamiento de piedras se encuentra en lo alto de un morro, a 1.975 m de altitud. La cara oeste aparece derrumbada, aunque se conserva la base del perímetro de 6,5 m, formado por ocho grandes rocas. Sobre este cuerpo se añadió un relleno de piedras pequeñas y encima otras rocas y lajas mayores. Da la sensación de que fuera reconstruido históricamente tan sólo la mitad del amontonamiento, compuesto de unas cincuenta piedras. La alineación solsticial de invierno viene marcada por la aparición del Sol por detrás de una muesca que rompe la monotomía del terreno situado en el lomo de Cumbre Vieja.



Amontonamiento Barranco del Cedro I (Garafía)

Se localiza justo sobre un pequeño resalte rocoso al borde de la caída que marca el inicio del Barranco del Cedro (Garafía), a 2.055 m de altitud. Con un perímetro de unos 5 m, un diámetro de 2,5 m y una altura de 1 m, está compuesto por una base de piedras grandes sobre las que se van superponiendo más de cincuenta rocas y algunas lajas algo más pequeñas. Desde su localización se puede admirar como el Sol del invierno surge por el pico noreste de Fuente Nueva, zona totalmente alterada por las construcciones del IAC.



02/07/08

amontonamientos de piedras: los pilares cósmicos del espacio y del tiempo

Visitar con asiduidad las montañas nos llena de felicidad, andar entre enmarañados codesares, recorrer palmo a palmo cada rincón de las cumbres sin rastro de ningún sendero, como una aventura que sucede y recrea una atmósfera de intriga sobre un espacio sobrecogedor. Sólo entonces nos dimos cuenta que la respuesta a lo que buscábamos estaba a nuestro alrededor, en las piedras, en el paisaje (las montañas) y en el azul profundo del cielo, en el lugar donde la tierra convive con el cielo. Una realidad natural silenciosa que nos muestra algo diferente a la que no estamos acostumbrados en nuestro ajetreado y ruidoso mundo. Es como si experimentáramos el tiempo pasado en el presente.
La cima de la montaña es el lugar preciso para quedarse largas horas sentado sobre una roca y observar la inmensidad de la naturaleza. Es el lugar apropiado para encontrarse con lo básico de la vida, lo ves todo desde arriba y te das cuenta que lo demás es pequeño. Por eso, nos envuelve con su extraordinario paisaje que deslumbra los sentidos al contener un halo espiritual y sagrado que irradia.
Igualmente, contemplar conjuntos de piedras apiladas hasta formar pequeños montículos de pedruscos pequeños y grandes, rocas y lajas, acompañados de símbolos tallados en las rocas, representa una realidad que transmuta en sobrenatural. Perfecto lugar para observar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, tanto en la tierra como en el cielo. Lugares sagrados que se identifican para enseñarnos una parte importante de un pensamiento antiguo que aun perdura entre sus restos. Se conocen más de sesenta y se engranan en el terreno en perfecta armonía con el simbolismo de la cosmovisión awara; esto es, replicar la montaña cósmica. ¿Pueden estas piedras revelar sus secretos? No cabe duda que existió siempre una estrecha asociación entre los rituales humanos, las formas de las montañas y los edificios. Una sincronía de acontecimientos simultáneos interrelacionados intencionadamente. Cada sitio presenta una configuración particular que se basa en la relación entre las formas que son producto de la naturaleza y las que son productos de la mano del hombre y, por consiguiente, aún siendo tan modestos, los amontonamientos de piedras son activos y destacados centros ceremoniales.
Insistiremos en nuestro objetivo de relacionar las formas arquitectónicas con las formaciones sociales y el manejo del espacio desde aquellos mecanismos simbólicos que permiten convertir una estructura en monumento en el paisaje y perpetuar con ello un discurso de poder encaminado a la definición de territorios. Se observa la realidad conforme a unas referencias fijas. La arquitectura cobra entonces una tridimensionalidad tanto utilitaria como simbólica y se convierte en recurso a la vez espacial y temporal.
Todo está en su sitio para dar forma a un sistema bien planeado que se perpetúa como las verdaderas puertas de los cielos a través de la montaña como referencia topográfica en la Tierra y el Sol como referencia cósmica en el cielo. Forman un encadenamiento de concepciones imágenes cosmológicas (axis mundi) bien articuladas que vinculan la tierra con el cielo.
Esto nos demuestra muchas cosas, entre otras, que la existencia humana sólo es posible gracias a esa comunicación permanente con la altura porque se sitúan en los lugares más elevados y próximos al cielo. A pesar de que la arqueología se ha desatendido de estas construcciones, ahora si que estamos en disposición de comprender e interpretar su existencia hasta enraizarnos en esta tierra, en los corazones y en las miradas intencionadas de aquellos hombres que buscaron en el cielo la respuesta de su existencia. Los símbolos grabados en las piedras se unen a la sacralidad del espacio

La comprensión de cómo se comporta el cielo es, para una cultura primigenia, una forma de culto. Una expresión de este culto consistió en poner toda obra humana en concordia con los principios de orden natural espacial y temporal derivados del movimiento de los astros. Para el observador de la naturaleza resulta obvio que la única manera de establecer direcciones definitivas en el paisaje es a través del cielo. Siempre se mantiene una perpetua necesidad primaria que es la de viajar en el espacio para acercarse al cosmos, donde moran sus dioses, y en el tiempo a través de sus antepasados.
Pues bien, no hay mayor naturalidad en la esencia de la religiosidad que adorar el Sol cuyo regalo más precioso para el ser humano es la calidez necesaria para la vida y el reciclaje constante de las estaciones (del tiempo). La vida siempre se renueva. Existen unos momentos claves del año (solsticios y/o equinoccios) que deben ser celebrados. Por encima de todo, se trataba de momentos relevantes y revelantes. El ser humano repite de muchas formas el momento de la creación del mundo a partir de puntos o santuarios establecidos. Celebra la llegada del Año Nuevo como una reactualización de la cosmogonía, implica la reanudación del tiempo en sus comienzos.Si nos situamos en cualquiera de esos amontonamientos de piedras que se distribuyen por la geografía sagrada de las cumbres de la Caldera de Taburiente (espacio) en el mágico instante en que asoma el primer rayo de Sol durante el solsticio de invierno (tiempo), solo entonces comprobaremos la sorprendente relación que se establece entre el amontonamiento de piedras, el pico más elevado del entorno y el Sol. La alineación la marca la propia montaña o el grupo de amontonamientos que van al encuentro del Sol para anunciar la llegada del Nuevo Año. El amontonamiento del Llano de Las Ánimas vigila la llegada del Nuevo Año en el momento del orto solar por la cúspide de la montaña de La Ensillada.

18/06/08

amanece durante el solsticio de verano en Cabeceras de Izcagua


video

El video muestra el mágico momento de la aparición del Sol en línea con un grabado rupestre (en primer plano), un amontonamiento de piedras (en segundo plano) y el Sol. Al final de las imágenes se puede observar como el petroglifo se va iluminando progresivamente.

Música de Pedro Guerra

28/05/08

Calendario lunisolar o solilunar de Las Lajitas

“El que quiera llegar a nuevas orillas tiene que tener el valor de abandonar las anteriores”
La prehistoria no juega a esconderse, sutilmente nos desvela las claves del pasado mediante detalles que se exponen a la vista de aquellos que se atreven, sin miedos ni prejuicios, a enfrentarse a sus secretos; eso si, con el fundamento que supone una investigación experimentada, que va más allá de lo accidental y lo anecdótico.
En Canarias, como en el resto del mundo, hemos pecado de asumir, sin contrastación, interpretaciones del registro en el ámbito controvertido de la religión. En este tema ha habido poca rigurosidad en la investigación, pues en el fondo los materialistas rechazan hablar de espiritualidad. Lo más que se ha hecho es la descripción de los objetos (lo tangible) sin interesarse lo suficiente por su contexto sociocultural.
Los postulados clásicos nos han hecho creer que un pueblo de incultos pastores no iba más allá de su mundo relacionado con la ganadería, poseedores de una tecnología muy pobre y unas creencias sencillas. Pues nada más lejos de la realidad. La ciencia en aquellos momentos era algo inseparable de lo sagrado. Así que, el sentido de la vida, el modelo cultural, los hábitos, las normas sociales y la concepción del mundo, reflejo de la religión, se nos está desvelando de una manera asombrosa y compleja.
El humano tiene costumbres muy feas; una de ellas es atacar o ignorar lo que no entiende, sin analizar el fondo del problema. Nos da miedo de reconocer nuestra ignorancia y afrontar que, ante algo que podemos ver y tocar, no tengamos respuestas. Las rocas nos han enseñan cosas que nunca se aprenderán de los maestros de la ciencia.
Para empezar nos debemos situar en la misma base del pico más alto de la isla de La Palma (Roque de Los Muchachos, 2.424 m de altitud). El paisaje nos sobrecoge ante tanta omnipresencia de la montaña y al espectáculo lumínico del más espectacular de los cielos. Paisaje que cambia de día y de noche, entre las diferentes estaciones. Llegar hasta allí es llegar simbólicamente al cielo. Ese cielo, siempre misteriosos, que encierra los secretos más trascendentales de la humanidad. Los astros y estrellas fueron adorados como dioses de un nivel superior, como expresión de los principios divinos que, por cierto, han sobrevivido a las grandes civilizaciones y otros pueblos de la antigüedad.
Los calendarios se inventaron originariamente con criterios más allá de la pura medición temporal, de la cronometría; el calendario simbolizaba una concepción totalizadora e instrumental del Conocimiento, constituyendo parte esencial de la misma Creación Universal. Expresaban la ciencia de los ritmos y los ciclos, y como tales constituían el núcleo de todas las manifestaciones culturales y privadas, el eje de la vida de los pueblos y las personas, las que articulaban su existencia en su entorno.
Asimismo, el tiempo es medida –que siempre supone un espacio–, módulo y proporción que vincula las distintas partes del cosmos y por eso un elemento de unión entre ellas, pero sobre todo es la ley, que al cumplirse indefectiblemente hace posible todo esto, en cuanto se advierte que su presencia, manifestada por el movimiento, obedece a pautas y ritmos periódicos que ligan a los seres, los fenómenos y las cosas entre sí. Si el tiempo es sumamente sagrado para una sociedad tradicional, también lo es el calendario, miniatura e imagen del cosmos.
En antiguas entradas a este blog hemos descrito el santuario prehistórico más importante de La Palma, compuesto por 18 y ½ amontonamientos de piedras y más de 80 grabados rupestres sobre soportes fijos y piedras sueltas dentro del espacio cultual que hoy está vallado para su protección. No debemos sorprendernos de la “coincidencia” del número de amontonamientos y el ciclo de la Luna (18,6 años).
Nuestra intención en este artículo es destacar el enorme valor de lo que supone la construcción de un complejo marcador astronómico lunisolar o solilunar por un grupo de beréberes, en principio poco preparados para un conocimiento tan elevado, lo cual demuestra un enorme progreso cultural.
El tiempo se puede computar con tres tipos de calendarios: solar, lunar y solilunar.
. El calendario solar se basaba en el ciclo de un año que necesita la Tierra para dar una vuelta completa alrededor del Sol. De acuerdo con la ciencia moderna, un año está compuesto de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
. El lunar toma como base el período de Luna. Según la ciencia moderna, un mes dura 29 días, 12 horas, 14 minutos y 3 segundos. Para una mayor facilidad en los cálculos, entonces se determinaron meses de 30 ó 29 días, y 12 meses al año.
. El solilunar, el más complejo de todos. Según Mark_Swean (www.celtiberia.net/articulo.asp?id=2305), requiere la combinación de ambos caracteres: el lunar para establecer unos cambios “rápidos” y el solar para otro tipo de cambios mas lentos y precisos, si bien plantea un dilema: ¿Porqué mantener un calendario “lunar” dentro del solar, si con el solar nos basta para determinar fechas mas o menos precisas? El autor apuesta, con gran acierto, por un motivo religioso. Es lógico que los calendarios lunares precedan a los solares, siendo estos últimos indicadores de un régimen sedentario y mucho más solidificado, lo cual desemboca por un proceso cíclico en la construcción en piedra de grandes centros, así como un conocimiento regular y cada vez más fijado y preciso de las grandes leyes cósmicas, a las que los pueblos nómades perciben de manera intuitiva y directa. Sin embargo, es preciso advertir que estos dos sistemas regidos por diferentes calendarios coexisten y se interrelacionan en el seno de las sociedades que los utilizan, conformando un calendario solilunar, como de hecho sucede y ha sucedido a lo largo de la historia.
Calendarios combinados solares/lunares existen en algunas partes del mundo y La Palma es uno de esos lugares. Esto supone el manejo de las matemáticas y la astronomía. Ahora contamos con un interesante conjunto de evidencias que indican una cierta sofisticación cultural. Mediante sus construcciones, los awara han atribuido un sentido de lo sagrado al paisaje y al cielo; así mismo, tallaron las rocas, realizaron cazoletas y canales que se comunican, y decoraron las piedras con arte rupestre asociados a los principales eventos astronómicos a modo de establecimiento de puntos con la Luna y el Sol en los momentos clave de sus ciclos, lo que supone un alto grado de avance.
Nuestro calendario gregoriano occidental es exclusivamente solar. El calendario de nuestros antepasados awara era más complejo, solar y solilunar, consistente en meses exactamente correspondientes a los ciclos y años lunares, que se mantienen más o menos sincronizados con los años estacionales. La estructura del calendario depende de las horas exactas de ciertos acontecimientos astronómicos, concretamente la salida de la primera Lunas llena (el lunasticio de verano) y el solsticio de invierno por detrás del Roque de Los Muchachos. La hora del solsticio de invierno, cuando los días son más cortos, es el momento de uno de los principales acontecimientos del año para los pueblos prehistóricos en muchos lugares del mundo. La importancia de esta fecha del año (y la temporada de festejos y/o rituales que los acompañaban) es difícil de apreciar para la mente moderna.

23/04/08

Marcador solar de Cabeceras de Izcagua (Garafía, La Palma)

Esta entrada es parte de un trabajo más amplio de próxima publicación. Se trata de un artículo publicado en el periódico Canarias7, el martes 22 de abril de 2008.
Los postulados clásicos nos han hecho creer que un pueblo de incultos pastores con cuatro cabras no sobrepasaba su mundo relacionado con la ganadería, poseedores de una tecnología muy pobre y unas creencias sencillas. Pues nada más lejos de la realidad. Desde "Amón-Ra" hasta "Abora", el culto al Sol es uno de los más antiguos y el más extendido que conoce la humanidad. El mismo Sol que adoraron las primeras civilizaciones del Próximo Oriente y Egipto es el que también adoraron las poblaciones norteafricanas, las mediterráneas y las culturas prehispánicas canarias. Con estos esquemas culturales y las prácticas rituales mirando al cielo llegaron a las islas Canarias los pobladores bereberes con diferentes marcas identitarias y con los nombres de la divinidad solar que derivaron en Acorán, Achamán, Orahan o Abora, todos variantes de una misma raíz ancestral.
Ahora conocemos sus santuarios, sus símbolos y, lo más importante, hacia donde se dirigían sus construcciones. El sustrato religioso awara y canario en general se nos empieza a manifestar por medio de una religión relacionada con el ciclo del año; esto es, una representación a nivel cosmológico de las creencias en el ciclo del nacimiento, vida y muerte.
En una de las prospecciones que realizamos en las cumbres de La Palma, concretamente el 31 de diciembre de 1994, después de sortear el tremendo obstáculo del matorral de codeso, nos topamos con el territorio sagrado de Cabeceras de Izcagua. Pensábamos que ya no quedaban lugares como este sin descubrir, por lo que nos sorprendió enormemente. A partir de 2005 iniciamos un seguimiento del yacimiento desde diversos puntos de vistas o campos de investigación, dando como resultado el descubrimiento de un observatorio y marcador astronómico solar que pudimos confirmar durante el seguimiento que realizamos en los dos años siguientes. El pasado jueves 20 de marzo concluimos nuestro trabajo.
El tiempo es una de nuestras mayores obsesiones, rige nuestro mundo y nuestras vidas. Una de las formas de ordenar o medirlo es a partir de la observación de fenómenos astronómicos, buscando regularidades en su manifestación, es decir, procesos cíclicos que nuestros ancestros advirtieron para establecer sus calendarios. Estos representan una manera evolucionada de observación celeste, que hace posible hacer corresponder los periodos de los astros con los de la sociedad y así organizar toda actividad civil y religiosa. Las sociedades antiguas encontraban una conexión estrecha entre lo que sucedía en el cielo y lo que acontecía en la tierra, y por ello el desarrollo de la religión y de las mitologías antiguas está íntimamente ligado a los fenómenos astronómicos.
El complejo de Cabeceras de Izcagua, en las cumbres del término municipal de Garafía, se encuentra en el margen derecho del Barranco de Izcagua, a 2.140 m s n m, recorrido por varias coladas volcánicas y dominado por el codesar. Se construyeron 5 amontonamientos de piedras y se tallaron más de 80 grabados rupestres sobre soporte fijo y sobre lajas sueltas, en los que predominan los motivos meandriformes. Es el espacio de cumbre de mayor concentración de petroglifos junto con el entorno de Las Lajitas. También existe una cabaña histórica, hemos encontrado cinco fragmentos cerámicos, tres de ellos decorados correspondientes a las fases II, IIId, IVa, y dos sin decorar. Asimismo, en la parte superior del complejo aparecieron cinco gabros pequeños procedentes del interior de La Caldera de Taburiente, destacados por sus llamativos colores naranjas, marrones y blancos, sin que sepamos su verdadera utilidad.
Cabeceras de Izcagua es una de esas zonas que se convirtió en territorio sagrado cargado de significaciones simbólicas y sirvió como Modelo Originario para la cosmovisión awara, el lugar donde se pueden abrir las puertas del cielo. Por su complejidad y originalidad, por su rareza o escasez, debemos considerarlo como uno de los acaecimientos más importantes del mundo prehispánico.
Se trata de un verdadero “reloj cósmico”, práctico calendario solar, que está construido de forma planificada. Los majanos tienen un rasgo común de situación: siguen la posición del orto solar sobre el relieve montañoso. El momento mágico lo marca el amanecer, cuando el Sol asoma por la montaña, observado desde unos sitios previamente escogidos. Estos lugares se fijaron por medio de estructuras arquitectónicas a modo piramidal. Son tan sólo unos segundos de extrema belleza cromática que envuelve el ambiente. Fueron utilizados por los awara como un marcador astronómico y un lugar de culto al Sol.
Alineación de un petroglifo y un amontonamiento de piedras para marcar el momento de la llegada del solsticio de verano
El marcador solar parte de un grabado rupestre (“la piedra del verano”) que registra la aparición del Sol del verano, de tal manera que es preciso ubicar un amontonamiento de piedras (nº 2) como eje que se ajuste a las tres trayectorias. El petroglifo presenta una sola cara inclinada hacia el NE (70º L.N.). Mide unos 44 cm de largo por 34 cm de ancho. El motivo tallado abarca prácticamente toda la superficie, combina un círculo con una espiral en la parte inferior, meandros en la zona central y un remate superior circuliforme. Es todo un símbolo de representación cosmomórfica. Tres amontonamientos siguen una alineación perfecta con el lugar por donde asoma el sol durante el día del solsticio de invierno
El solsticio de invierno viene marcado por un alineamiento de 3 amontonamientos de piedras (nº 1, nº 2 y nº 4) que coinciden con la salida del Astro Rey sobre una vaguada en la topografía cercana a La Crespa (Garafía). Dos amontonamientos de piedras se alinean con el Roque de Los Muchachos para marcar el momento del equinoccio
Los equinoccios se establecen mediante el alineamiento de los amontonamientos de piedras nº 2 y nº 3 con la montaña por donde salen los soles de primavera y otoño. ¿Saben cuál es esa montaña de referencia? Nada más y nada menos que el Roque de Los Muchachos. Así mismo, el amontonamiento nº 4 fue construido como axis -eje- tanto para marcar la dirección del solsticio de invierno como para establecer con total y absoluta precisión el punto exacto desde donde se aprecia la salida del Sol en los equinoccios por el punto central que culmina el Roque de Los Muchachos.
Representación esquemática del complejo cultual y marcador astronómico de Cabeceras de Izcagua

21/03/08

marcador astronómico solar de Cabeceras de Izcagua

Muy pronto daremos toda la información de uno de los descubrimientos más interesantes de la prehistoria de La Palma.

El video es sólo un adelanto que recoge los precisos momentos de los ortos solares durante los solsticios y equinoccios sobre las cumbres de la Caldera de Taburiente.

video

"Abrir la puerta nos permitió entender"

28/12/07

Los 3 amontonamientos de piedras de Cabeceras de Izcagua I (Garafía)

En el margen izquierdo del Barranco de Izcagua, sobre un falso rellano a modo de meseta, en la misma orilla del barranco, los awara construyeron tres amontonamientos de piedras *. La zona (a 2.000 m de altitud) está ocupada por el pinar, lo que fue un inconveniente para la observación del fenómeno cíclico anual de la llegada del Sol del invierno. No es el único caso en los que el pinar se interpone en la alineación, hecho que viene a demostrar que este bosque se desarrollaba unos metros más abajo de lo que está en la actualidad. En general, los amontonamientos están casi cubiertos por una capa de pinillo.

En la parte inferior encontramos el amontonamiento nº 1 que está pegado al borde del barranco. Tiene un perímetro de lajas, mal conservado, de unos 8 m; el relleno es de lajas grandes y pequeñas en su parte superior, de unos 2 m de diámetro y 0,50 m de altura. Contiene un centenar de piedras.


A unos 12 m de distancia localizamos el amontonamiento nº 2. Es el más grande, al medir unos 9 m de perímetro, realizado con lajas hincadas, actualmente caídas. Tiene un diámetro de 2,50 m con relleno de lajas medianas, grandes y algunas piedras. Alcanza 1 m de altura y contiene más de un centenar de piedras.


Ocho metros más arriba encontramos el amontonamiento nº 3, el más pequeño y punto culminante del alineamiento. Tiene un perímetro de lajas grandes y medianas, de 4 m, un diámetro de apenas 1,50 m con relleno de lajas grandes y medianas, y 0,50 m de altura. Se encuentra derrumbado por el poniente y contiene unas 80 piedras.

Las primeras medidas que tomamos con la brújula nos llevaban directamente a uno de los picos sobresalientes de La Caldera de Taburiente en los altos de Marangaño (Las Mosqueras), que no correspondían exactamente con el alineamiento. Este señalaba un segundo escalón, pegado a la cúspide. Como estaba el barranco no existía, en ese lugar, la posibilidad material de situarse en un "axis" que coincidiera exactamente con el mismo pico.
Cumpliendo con nuestro ritual al amanecer durante el solsticio de invierno, nos situamos en la línea dibujada por los amontonamiento y pudimos comprobar la perfección de la religación entre los tres amontonamientos de piedras, el pico de los altos de Marangaño y Abora (la Madre Sol).

* La estructura de alineamientos de los amontonamientos es mayoritariamente individual. En este caso se alinea con un pico sobresaliente en el paisaje y el sol del invierno. Dos amontonamientos alineados es poco frecuente, sólo conocemos tres casos (Pico Corralejo, marcador solar de Cabeceras de Izcagua y Novanillo). Tres amontonamientos alineados es menos frecuente, sólo se da en dos ocasiones (marcador solar de Cabeceras de Izcagua y Cabeceras de Izcagua I).

Y como "una imagen vale más que mil palabras", en el siguiente video pueden observar el mágico momento con la primera luz durante el amanecer del solsticio de invierno.
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22/12/07

amontonamientos de Cabeceras del Barbudo I (Garafía)


Sobre una plataforma en un promontorio rocoso de unos 4 m de altura, a 2.180 m de altitud, situado en la base de la cumbre de Fuente Nueva, se encuentran dos amontonamientos de piedras, en ambos extremos, bastante alterados por la constante reutilización de todo el contorno como campamento pastoril, explísito por la presencia de muros de antiguas cabañas. Destacan también un grabado rupestre y dos fragmentos cerámicos.
El amontonamiento nº 1 tiene un perímetro de rocas de gran tamaño y algunas más pequeñas como relleno de los huecos (unas 13 piedras). En el interior sólo hay dos rocas grandes y el resto más pequeñas (unas 60 piedras). Mide 5,50 m de perímetro, 1,90 de diámetro y 0,60 m de altura.
El amontonamiento nº 2 se sitúa a 2,50 m de distancia en dirección sureste. Se encuentra muy afectado, en el extremo sur, por un socavón. El perímetro (7 m) es de de rocas grandes con algunas pequeñas de complemento de huecos, aproximadamente unas 16 piedras. El interior es de rocas más pequeñas, más de 80. Tiene un diámetro de 2,90 m y una altura de 0,70 m.

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18/12/07

amontonamiento de piedras de Cabeceras de Izcagua II (Garafía)

Espacio y tiempo nuevamente vuelven a estar religados mediante el triple complejo sistema amontonamiento de piedras-montaña-Sol. El majano se encuentra situado a 2.000 m de altitud, sobre un pequeño morro, concretamete en la margen izquierda de una barranquera. Elamontonamiento de piedras tiene un perímetro de rocas y lajas randes de unos 11 m. El relleno tiene como base un sustrato de tierra y piedras pequeñas, por encima se apilan unas 100 piedras más grandes. Tiene un diámetro aproximado de unos 3 m y una altura de 1,30 m.









Las imágenes fueron grabadas cinco días antes del solsticio de invierno, motivo por el cual el Sol no sale en medio de la abertura central que dibuja, desde aquí, Roque Chico. Sin embargo, las fotos finales del video, que fueron tomadas el día del solsticio de invierno (21 de diciembre de 2006), el Sol despunta por el mismo centro y corona el Roque.
Nos encontramos con otro de los pilares de Abora (el Sol).


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16/12/07

amontonamientos de Cabeceras de Izcagua III (Garafía)


Sobre un pequeño rellano, en el que sobresale un dique, se dispersan más de diez grabados rupestres meandriformes, dos restos de cabañas y dos amontonamientos de piedras, a más de 2.100 m s n m.
El primer amontonamiento presenta un aspecto bastante deteriorado, con un perímetro (7,50 m), de unas dieciseis grandes rocas, casi todas caídas. El relleno, sobre un fonde de tierra, es de catorce rocas medianas y más de treinta pequeñas. Tiene un diámetro de 2,5 m y una altura de apenas 0,50 m. Desde su posición podemos apreciar como el Sol, durante el solsticio de invierno, asoma por detrás del segundo pico de La Crespa (Garafía).

El segundo amontonamiento se encuentra a unos 20 m de distancia. Su tipología es muy sencilla, pues no se realizó ningún perímetro destacado; para su construcción tan sólo se procedió a un apilamiento de rocas y lajas de tamaño medio y algunas más pequeñas en la parte más interna. En total tiene unas treinta rocas. El perímetro es de 6 m, su diámetro de 2m y la altura de 1 m. Tiene la misma orientación que el anterior. La variación es mínima.

fotos de yoni

08/12/07

amontonamiento de piedras sobre Pico Palmero (Tijarafe)

En la misma cúspide, a 2.300 msnm, se construyó un amontonamiento de piedras de planta circular. Es el majano situado a mayor altura de la Isla. Se asienta sobre un pequeño afloramiento rocoso y tiene una estructura constructiva basada en un apilamiento de rocas grandes en el perímetro y relleno con varios centenares de rocas y lajas. Contiene dos grabados rupestres. El perímetro alcanza los 11 m, un diámetro de 3,50 m y una altura de 1,50 m.
En la cara noreste se construyó un punto geodésico que ha destruído parte del amontonamiento; muchas de sus piedras fueron utilizadas para la nueva construcción. Desde aquí denunciamos este hecho y pedimos que se restablezca en lo posible el yacimiento cultual y desaparezca o se traslade el punto geodésico. Además nos ha impedido bastante la observación para lo que fue realizado: la llegada del Año Nuevo (durante el solsticio de invierno) en la base de la destacada silueta, como referencia topográfica, del Sombrero de Chasna (Isla de Tenerife).

02/12/07

¿Cómo descubrimos la sacralidad de la montaña entre los awara?

La montaña sagrada es un símbolo con carácter universal: se halla en la base de las tradiciones religiosas. Ha sido considerada históricamente el centro del mundo, un lugar de revelación, la residencia de los dioses, el ombligo de la Tierra, etc. En cualquier caso, es una de las más importantes manifestaciones de lo divino. La montaña es en sí misma un símbolo del templo, del mismo modo que el templo, cuando se expresa como unamontonamiento de piedras, simboliza la montaña sagrada. El simbolismo de la montaña sagrada se manifiesta tanto en montañas naturales como en los promontorios artificiales (creados por el hombre). Tradicionalmente ha sido considerada un "axis mundi" (eje del mundo), que une lo terrenal con la esfera de lo celestial. En ocasiones es un hito a partir del cual se construye el orden del mundo y del cosmos.
Las crónicas previas y posteriores a la conquista castellana prácticamente no aportan ningún dato sobre los mitos y las construcciones reigiosas de los antiguos habitantes de la isla de La Palma. Algunos autores como Leonardo Torriani (siglo XVI), en apenas dos líneas tan sólo nos refiere a la montaña como lugar de culto. Sin embargo, el uso de la Arqueología de Posición y la Arqueoastronomía, entre otras ciencias, han confirmado y contrastado la sacralidad suprema de la montaña.
En las religiones naturalistas, los dioses son representados a través de los elementos existentes en la naturaleza (montañas, fuentes,animales, plantas...), los cuerpos astronómicos (el Sol, la Luna, otras estrellas) y/o los fenómenos naturales (lluvias, vientos, truenos...).
La religión natural es de estructura sencilla. Los awara no tuvieron ningún texto sagrado, por eso, su capacidad de asociación se plasma en los elementos más destacados de la natraleza (astros, montañas...). Los propios fenómenos biocósmicos aplican los procedimientos litúrgicos de los cultos asociados netamente a la naturaleza.
Al presente, hemos descubierto 3 muestras arqueológicas que se relacionan con la montaña como lugar numinioso:
1) Sobre las cumbres más altas de La Caldera de Taburiente existen más de 60 amontonamientos de piedras que tienen una proyección sobre los picos más altos en consonancia con el sol del invierno (marca de Año Nuevo) y más de 6.000 motivos de arte rupestre.
2) En aquellos lugares que, por su disposición geográfica, impiden una orientación de estas estructras piramidales en la propia isla, los majanos construidos anuncian el nuevo año con las montañas de Guajara, Pico Viejo y Pico Teide, en la isla de Tenerife.
3) Cuando los dos supuestos anteriores no se podían construir, se buscó la alternativa de los símbolos sagrados (grabados rupestres) con soportes que miran directamente a las montañas más emblemáticas sin tener en cuenta la posición del Sol durante los solsticios. De momento, son pocos los casos encontrados, pero altamente significativos:
A) Pico Bejenado (El Paso). Forma parte del cierre del circo de La Caldera por el oeste con una altitud que supera los 1.800 msnm. Concretamente, dos puntos fijos en dos yacimientos diferentes, con sendos paneles de arte rupestre siguen una dirección de soporte que nos lleva directamente al pico.


A.1.) Cementerio (El Paso). Un panel meandriforme que, al estar por debajo del nivel de una ladera, no puede ver el pico Bejenado. No obstante, cuando subimos el desnivel siguiendo la línea marcada, descubrimos delante de nuestros ojos el imponente porte del Pico Bejenado. Verdaderamente espectacular.

A.2.) La Fajana (El Paso). Situado a unos 500 m de distancia, destaca por la abunadncia de motivos rupestres. Uno de los paneles con gran cantidad de motivos geométricos, dirige su mirada al Pico Bejenado.
B) Pico de La Nieve (Santa Cruz de La Palma). Hito destacado (a más de 2.000 msnm) en la orografía insular, especialmente desde la comarca oriental. Existe un importantísimo yacimiento arqueológico de arte ritual (petroglifos) en la zona que comprende La Erita y Barranquera Abierta (más de 300 motivos grabados sobre la piedra). En medio de ambos grupos existe un pequeño afloramiento de un dique que contiene dos motivos circuliformes y meandriformes tallados sobre la cara inclinada del dique que mira directamente al Pico de La Nieve, sin tener ninguna referencia solar con los solsticios.










18/11/07

amontonamiento de los helipuertos (Garafía)


Se encuentra sobre los 2.100 msnm, en una zona totalmente alterada por la construcción de los cuatro helipuertos para la inauguración del complejo astrofísico del Roque de Los Muchachos. Tan sólo unos pocos metros separa la estructura de piedras de una de las plataformas. Como es habitual en estos casos, se encuentra en un estado de conservación penoso, habiéndose sustraido numerosas piedras para formar parte de los taludes de los helipuertos.
El perímetro apenas conserva algunas lajas y rocas en la parte del naciente y el relleno está compuesto de rocas y lajas pequeñas. Perímetro de 10 m, diámetro de 3 m y altura que apenas llega a los 0,40 m.
Como podemos apreciar en la foto, desde este lugar, durante el amanecer del solsticio de invierno, el Sol asoma por detrás de la esquina sur de la meseta que dibuja el relieve, también alterada por la construcción del NOT.
Es lógico pensar que este amontonamiento de piedras no estaba sólo, pues en otros taludes de los helipuertos más alejados, se encontraron grabados rupestres que probablemente formaban parte de algún amontonamiento destruido que se orientaba con el otro extremo de la meseta o el pico contiguo que se puede apreciar antes de la Degollada del Fraile.

17/11/07

marcador lunisolar del lomo del Llano de Las Lajitas (Garafía)

En un espacio de apenas 400 m2, sobre una cota de 2.180 msnm, justo donde el terreno se allana, los awara construyeron el principal santuario religioso de la prehistoria de la isla de La Palma, un verdadero monumento al cosmos.
Desde el año 2.002 venimos observando las posibilidades de este mágico lugar, arropado por el pico más alto de la Isla, el Roque de Los Muchachos. Partíamos de una idea clara, su ubicación no podía ser casual, entonces ¿por qué en ese reducido espacio se construyeron 18 o19 amontonamientos de piedras?
El año siguiente, en las Navidades de 2003, al pasar temprano por el sitio vimos que el Sol acababa de despuntar por detrás de la gran mole del Roque de Los Muchachos. Marcamos con la brújula y nos apoyamos en un programa informático de astronomía para calcular el lugar exacto por donde salía el Sol en el solsticio de invierno. Nuestra sospecha se pudo confirmar. Ahora sólo quedaba demostrarlo aguardando in situ el momento preciso (las 9,12 horas) y el día preciso (21 de diciembre de 2004). En ese preciso instante, verdaderamente emotivo, tomamos conciencia de lo que acabamos de descubrir: el motivo por lo que los amontonamientos están en ese lugar. Este hecho supuso encontrar la llave que abriría la puerta de acceso al pensamiento religioso de este pueblo. El primer avance lo publicamos en el periódico “La Voz de La Palma”, de 28 de enero a 17 de febrero de 2005.
A lo largo de la historia, los majanos de Las Lajitas han sido objeto de destrucción, tanto por la acción de la propia naturaleza, como de los animales (cabras) y especialmente los humanos, causantes de daños irreparables al remover piedras y vaciar algunos de los amontonamientos. En la actualidad presenta un estado de conservación deplorable.
Las Lajitas es un caso único en La Palma, ningún yacimiento de esta categoría ni si quiera se acerca al número de estructuras, a la técnica constructiva y al número de grabados rupestres que atesora, más de 60, a pesar de haber desaparecido más de 20. Podemos estar seguros que originariamente, el santuario disponía de un centenar de petroglifos.
A continuación vamos a realizar una breve descripción del estado actual de cada uno de los amontonamientos:
1. Está muy deteriorado por la acción antrópica. Su estado es lamentable, fue saqueada en los años de 1987 y 1988.
2. Formado por grandes lajas en el perímetro y relleno de lajas grandes y rocas y lajas pequeñas. Tiene un perímetro de unos 12 m, diámetro de 4 m y altura de 1 m.

3. Pegado al anterior por el NE. Presenta un perímetro de grandes lajas hincadas y relleno de lajas de distintos tamaños y un número considerale de piedras muy pequeñas. Mejor conservado. 12 x 3,5 x 0,90 m.
4. También unido al anterior (nº 3) por el NE. De igual tipología y características. Se encuentra derrumbado por el poniente. 9,5 x 4 x 0,80 m.

5. Se encuentra a 2 m de distancia del anterior, en dirección E/SE. De parecida tipología y características (perímetro de lajas hincadas y relleno de lajas y rocas). 10 x 3,5 x 0,60 m.
6. Está a unos 3 m por encima del nº 1. Presenta las mismas características. Mejor conservado. 10 x 3,5 x 0,60 m.
7. Localizado a unos 3 m hacia el NE del anterior. Sigue los mismos patrones constructivos. Por los alrededores se dispersan gran cantidad de lajas. 9,5 x 3 x 1,20 m.
8. Ubicado en el margen izquierdo del lomo, a unos 3 m del nº 1, en dirección S. Muchas lajas se esparcen por los alrededores. 11 x 4 x 1 m.

9. Está pegado al anterior, hacia el NE y al nº 5 por el N/NO. Derrumbado por las caras N y S. 10 x 4 x 1,5 m.
10. Lo encontramos casi pegado al anterior, hacia el E y a un metro del nº 6. Es de similares características a todos. Está casi desmantelado en su interior. 9 x 3 x 0,70 m.

11. Se encuentra literalmente pegado a la nº 9 y está totalmente vacío, sólo se aprecian algunas piedras del perímetro. 8,5 x 3,5 x 0,20 m.
12. Se localiza a unos 5 m del anterior y a 4 m del nº 6. También enormemente deteriorado por los saqueos, casi sin relleno. Es el amontonamiento más grande de todos. 13,5 x 4,5 x 1 m.

13. Aquí está la clave de Las Lajitas. Se trata de una acumulación de lajas que se adosa al nº 12 por el extremo NE. En la foto se puede observar parte del perímetro con lajas hincadas. Es como si fuera la mitad de un amontonamiento. Presenta muchas dudas.

14. Situado en el margen izquierdo del lomo, presenta similares características. Es de los mejores conservados. 10 x 3 x 1 m.
15. Se encuentra a un metro hacia el N/NE. No fue inventariado por Jorge Pais. Es el más pequeño, aunque de igual tipología a los demás. Mal conservado 7,5 x 2,5 x 0,50 m.

16. Está a 3 m del anterior y casi pegado al nº 9. Se encuentra totalmente modificado. Conserva un trozo por la cara N, el resto fue vaciado y acondicionado con un muro. 12 x 4 x 1,5 m.
17. Se localiza en el margen izquierdo del lomo, a un metro del nº 11. Presenta las mismas características tipológicas que el resto. 7 x 3 x 1 m.

18. Se localiza en la parte central superior del lomo. Las lajas del perímetro son de grandes dimensiones. Da la sensación que está sobre una plataforma de lajas que invaden el exterior del amontonamiento. 13,5 x 4 x 1,50 m.
19. Último amontonamiento, expuesto a un metro del anterior en dirección E. Presenta las mismas características constructivas. Está muy deteriorado y derrumbado por el poniente. 9 x 3,5 x 0,80 m.

Pero esto no es todo, seguimos estudiando este microcosmos de piedras, orientamos el solsticio de verano que coincide con los amontonamientos del Barbudo. Sin embargo, nos seguíamos interrogando por qué 18, 18,5 0 19 amontonamientos, cuando lo normal en este tipo de yacimientos son 1, y en pocos casos grupos de 2 o 3.
Nuestra hipótesis entrelaza el ciclo de la Luna (18,6 años) con el número de amontonamientos. No es una casualidad que coincidan el número de majanos con el del ciclo lunar. La posición de la Luna no es como la del Sol –constante y regular durante el año-, pues aquella va variando a lo largo de los años. La que sale por detrás del Roque de Los Muchachos es la Luna llena (lunasticio de verano) y, como no podía ser menos, subimos en 2005, comprobando con gran espectacularidad la aparición del satélite al sur del Roque de Los Muchachos. El 2006 era especial al ser el lunasticio mayor –momento final del recorrido hacia el extremo sur-. A partir de ahora, las próximas 9 lunas se irán acercando y rodeando el Roque de Los Muchachos hacia el otro extremo, a modo de arco o aureola.
Podemos confirmar que los awara conocían el ciclo de 18,6 años que completa la Luna desde una de sus paradas mayores hasta la siguiente, ciclo que tiene relación con la separación de la órbita lunar respecto de la eclíptica. Gracias a una intensa observación pudieron señalar los puntos donde se producen estas paradas lunares, tanto la mayor como la menor; este período lunar está estrechamente relacionado con el origen del denominado ciclo metónico, y a la vez está comprendido en el Saros de los eclipses.

lunasticio mayor (2006) lunasticio (2007)

Nuestro trabajo no termina aquí porque sabemos que Las Lajitas todavía contiene numerosos interrogantes, misterios que nunca sabremos desenmascarar, rituales que jamás podremos interpretar.

video

16/11/07

amontonamiento del Morro de La Cebolla I (Barlovento)

Por encima de los 2.200 msnm, sobre la plataforma superior que forma un dique de más de 10 m de largo y 4 m de alto, se apìlaron rocas y lajas, adaptándose a la breve inclinación del terreno. El amontonamiento se apoya en la pared que sobresale del dique en su cara oeste. Presenta una acumulación de piedras a modo de semicírculo inclinado hacia el sureste. Las rocas grandes son más de 20 y las lajas más de 50. El resto son rocas y lajas más pequeñas. Sin ser perfectamente redondo, el perímetro aproximado es de 6,50 m, diámetro de 3 m y altura de 1 m. En el dique hay dos grabados.
Desde esa posición podemos observar, durante el amanecer del 21 de diciembre,como el Sol asoma por una oquedad o grieta que dibuja el lejano paisaje de las montañas cercanas al Pico Teide. No es, ni mucho menos, el único caso que se orienta con las destacadas silietas del complejo de Guajara y Pico Teide. Si amplian las fotos lo verán mejor y es que las imágenes lo dicen todo.

amontonamiento del Cedro o El Fraile

Muy cerca de la Cueva del Fraile, en el margen derecho de una barranquera donde nace el Barranco del Cedro, sobre los 2.200 m de altitud, se encuentra un majano de piedras situado sobre un promontorio de basalto de unos 3 m de altura. En la zona predominan las rocas de volumen medio, de basalto poroso claro. No se construyó con un perímetro claramente remarcado, eso si, con pequeñas rocas y algunas lajas. Al adaptarse al promontorio, adquiere una forma ovoide por el sureste. Aparece algo derrumbado por el sur. Contiene más de 300 rocas, muchas de ellas de pequeñas dimensiones. Perímetro de 10 m, diámetro de entre 3,25 m y 4 m y altura de 1,5 m.
En la zona existen algunos grabados. El propio amontonamiento tiene uno y su estado de conservación es regular. Se orienta al amanecer del solsticio de invierno con una referencia sobre un pico destacado en la degollada que está a la derecha de Fuente Nueva. Para ver esta cresta es necesario subirse prácticamente encima del amontonamiento. No es el único caso en el que el majano prehispánico hace de escalón para poder ver el espectacular acontecimiento astronómico.

15/11/07

Amontonamientos de piedras del Barbudo II

Después de un incendio que afectó a las cumbres de Garafía, en las cercanías a las cabeceras del Barranco del Barbudo, descubrimos en 1999, un interesante yacimiento arqueológicos dividido en dos espacios a unos 100 m de distancia. El que estamos tratando aquí se encuentra en la parte superior (unos 2.100 msnm). Fue publicado en el periódico "La Voz de La Palma", de 28 de mayo a 4 de junio de 1999.






Sobre una antigua colada que discurre en dirección norte-sur se construyeron 4 amontonamientos de piedras y una gran cantidad de grabados rupestres, formando parte de los propios amontonamientos y en los alrededores más cercanos. Contabilizamos en ese primer recuento unos 20 petroglifos, algunos muy afectados por el fuego.



A continuación vamos a describir, de norte a sur, los 4 amontonamientos:
* Amontonamiento 1 se sitúa sobre un pequeño promontorio de rocas. Su perímero es de lajas grandes con algunas más pequeñas intercaladas (unas 20 lajas en total). El relleno es de lajas y rocas de diferentes tamaños. Son más de 150 piedras y lajas las que contiene este amontonamiento. Su estado de conservación es regular y contiene varios grabados, tanto en el interior como en el perímetro. Perímetro de 11 m, diámetro de 3 m y altura de 0,70 m.
* Amontonamiento 2 se encuentra a unos 10 m hacia el sur. El perímetro es de lajas, mal conservado, apenas se aprecia por el extremo sur/suroeste y relleno de rocas grandes y pequeñas. Perímetro de 9 m, diámetro de 3 m y altura 0,30 m.





* Amontonamiento 3 lo observamos unos 15 m hacia el sur/sureste. Es pequeño, con un perímero de rocas grandes (7 u 8) y relleno de rocas pequeñas (unas 40). Perímero de 6 m, diámetro de 1,5 m y altura de 0,30 m.

* Amontonamiento 4 a unos 12 m al sur. Es de grandes dimensiones, con perímero de rocas medianas y pequeñas. Contiene grabados rupestres. Perímetro de unos 14 m, diámetro de 4 m y altura de 1,50 m. Se conserva mal, con piedras caídas y un pequeño hueco en el extremo sureste.

Desde los amontonamientos podemos observar la aparición de Abora (Sol) por detrás del pico amesetado más elevado de Fuente Nueva durante el amanecer en el solsticio de invierno.


14/11/07

AMONTONAMIENTOS DE PIEDRAS


1. Otros caminos
La primera mirada sobre la prehistoria de Canarias la pusieron los antiguos historiadores, geógrafos, viajeros catalanes, portugueses, árabes, luego los conquistadores y, finalmente, los escritores racionalista y románticos del XVIII, XIX, hasta mediados del XX, mucho antes de que el peso de los estudios cayese de forma exclusiva sobre las espaldas de la arqueología académica. No podemos ni debemos dejarnos llevar por la apariencia de las cosas pues lo esencial es invisible a los ojos. Nuestro gran desafío no consiste en teorizar sobre los significados de la religión awara, sino hallar algo que se pueda medir. Reconocemos los avances de la arqueología descriptiva, las cartas arqueológicas y los planes de protección; sin embargo, el fin último de la investigación –la esencia de los elementos, los significados- no aparece en los estudios arqueológicos, demasiada cautela o sencillamente porque la formación académica y los tradicionales métodos de trabajo no valen para dar respuestas a los numerosos interrogantes planteados. En la década de 1970 se dieron las primeras muestras de agotamiento en el modelo histórico-cultural. La arqueología con vocación antropológica dio paso a una nueva generación de arqueólogos canarios que tuvieron que retraerse ante tanta novedad en los planteamientos y conclusiones, decantándose por la prospección y la descripción.
Ante la falta de avances significativos, para algunos ha llegado el momento de cuestionarse nuevas fórmulas de investigación, buscar una nueva mirada del paisaje arqueológico con una visión menos eurocéntrica y, en una línea holística claramente interdisciplinar, avanzar más allá del fragmentario conocimiento que aporta la vieja arqueología, incapaz de interpretar la sociedad y la finalidad del pensamiento antiguo. El nuevo conocimiento puede aparecer en los lugares o formas más insospechados, modificando ideas que fácilmente pueden conformar modelos que la mayoría de los arqueólogos pueden ser poco proclives a cambiar. Esto hace que, quienes tienen la humildad necesaria, se den cuenta de lo poco que realmente saben.
La investigación no es un callejón sin salida. El trayecto puede ser modificado en el momento oportuno, a partir de un progresivo proceso hacia un mejor conocimiento. El investigador va describiendo su destino, el guión de su vida y, como no, su identidad. Manifiesta una responsabilidad que se expresa en voluntad y capacidad de generar cambios, adquiriendo así una libertad que pocos saben valorar.
Andando por el camino que otros trazaron descubrimos que sólo nos conducía hacia donde otros fueron. El tiempo andado nos dio la experiencia necesaria para adentrarnos sobre territorios más complejos y espinosos, hasta ir abriendo nuevas sendas, a pesar de la soledad y de los pequeños fracasos en el intento, pero necesarios para experimentar (hacer ciencia) y dar respuesta a algunos de los interrogantes más buscados por los prehistoriadores. Eso si, y lo tenemos asumido, desde que te sales de la línea de investigación establecida, te convierten en un "hereje".
De una cosa podemos estar seguros, nunca hemos dejado de estudiar para intentar diseminar el pensamiento religioso awara. El centro de nuestro interés es la interpretación como comprensión del sentido del mundo a través de sus expresiones (culturales), alrededor de lo cual todo se organiza. Parte de una estructura dinámica que consiste en independizarse uniéndose a otras ciencias, y en unirse independizándose. Nuestra investigación trata de reivindicar, por medio del trabajo de campo, una óptica científica basada en el paisaje, la ecología, la astronomía, la antropología genérica, la filosofía cultural, la religión, la geografía, la historia y otras ciencias sociales afines. Hemos soportado frío, calor, días, noches y muchos amaneceres y atardeceres en los más recónditos puntos de la Isla, muchos kilómetros andados para comprobar sobre el terreno los pormenores de la ubicación de los lugares sagrados.
Los investigadores deben y pueden aprender unos de otros, aspirar a ver más allá de las tres reglas aprendidas en la Facultad, salir de los límites que marcan los barrancos, las islas, los mares y descubrir las bases universales y locales en cada caso de la cultura. Se trata de documentar regularidades en contextos controlables de la actualidad que permitan su extrapolación al registro arqueológico. En Canarias hemos pecado de asumir, sin contrastación, interpretaciones del registro, al menos en el ámbito controvertido de la religión. En este tema ha habido poca rigurosidad en la investigación. Lo más que se ha hecho es la descripción de los objetos (lo tangible) sin interesarse lo suficiente por su contexto social. La interpretación del pasado siempre se realiza desde dentro de la propia lógica cultural del investigador. Es más, diríamos que existe una gran frustración por no dar soluciones a cosas elementales de su vida cotidiana y de su pensamiento. “…el desconocimiento en casi todos los casos de sus principios cosmogónicos, o de las creencias más singulares de sus manifestaciones religiosas, no nos permite añadir muchas más cosas…” Antonio Tejera (1998). Es el momento de involucrarse, de pasar de esta fase especulativa (con fundamento) a la reflexiva.
Ha llegado el momento de desprenderse de algunos de los argumentos que demuestran una y otra vez una realidad atrapada en el tiempo, cada vez más nimia, apenas sostenida por la respiración asistida de la oficialidad, amparada en la incredulidad de una sociedad no especializada. Fue en 2006 cuando publicamos el mayor descubrimiento realizado en la prehistoria de La Palma (“Abora”), primer paso que demuestra la relación directa entre los espacios sagrados -amontonamientos de piedra, canales y cazoletas y grabados rupestres- y el cosmos –el sol y la luna básicamente-. Lo más patético y preocupante es que ningún arqueólogo se haya interesado por comprobarlo.
Nos encontramos ante un nuevo cambio, una nueva estrategia en la investigación de carácter más interdisciplinar. Existe una tendencia que busca unas constantes que expliquen las regularidades y permitan por tanto predecir nuevos cambios, estableciendo unas leyes generales del comportamiento humano, abriendo la baliza a los estudios etnoarqueológicos de sociedades vivas para entender los procesos de formación del registro material, teniendo en cuenta la ecología humana, el medio natural determinante del cambio, así como el interés por el comportamiento de las sociedades y la forma en que se modifica mediante procesos de adaptación a circunstancias cambiantes. Eso si, no vayamos a pensar que estamos inventando cosas, puesto que los modos de investigación son cíclicos y se han aplicado en tiempos pretéritos (antropología estructuralista, relativismo, subjetivismo, arqueología post-procesual, cognitiva, arqueología espacial, del paisaje, arqueología de las mentalidades…). Los avances en la investigación dependen imprevisiblemente de la constancia y el azar, del ir y volver entre la premeditación y lo inesperado.

2. Estructuras piramidales

“Golpe a golpe se hace un petroglifo, piedra sobre piedra se construye un amontonamiento, día tras día se crea una identidad cuyo reflejo viene del cielo”

Si grabar piedras es un hecho universal, la construcción de estructuras de piedras también es una costumbre global. Los lugares sagrados van creando el territorio de un pasado silencioso, dibujan el mapa de su sabiduría a modo de fichas que vamos encajando para ir dando forma a la figura del puzle.
“Las pirámides más antiguas que ahora conocemos se encuentran en la costa de Perú, en un lugar llamado Aspero… Las pirámides de Giza no son, de ninguna manera, las únicas estructuras piramidales que se pueden encontrar en el propio Egipto, oriente medio o incluso en el resto del mundo antiguo. De hecho, la construcción piramidal se ha dado en una amplia variedad de lugares algunos relacionados de forma clara por un contrato cultural antiguo y otros curiosamente distantes entre si y en todos los continentes a excepción de Australia y la Antartida. Los aztecas de la época de Hernán Cortes o los indios budistas del siglo III a.C. que vivían bajo el reinado de Acoka vieron el mundo bajo un prisma religioso diferente a como lo pudieron hacer Keops, Kefren y Micerinos en el Egipto del imperio antiguo. Además, el hecho de un entendimiento cosmológico sagrado expresado en el ritual religioso es común en todas y cada una de las pirámides. Por supuesto, la cosmología sagrada subyace en la arquitectura religiosa como ocurre en la catedral francesa de Chartres, el Taj Mahal de la India, el Partenón de Grecia o el Potala del Tibet” (www.arqhys.com/contenidos/piramides.html). No olvidamos los zigurat mesopotámicos, las pirámides sudanesas, japonesas, mayas, chinas, turcas, las de Arizona…
Cada una de estas civilizaciones ha construido un tipo de pirámide diferente con usos y justificaciones propias de su cultura, desde monumentos funerarios hasta templos; unas son escalonadas, otras tienen rampas, etc. Pero todas coinciden en reproducir la misma forma geométrica.
Los amontonamientos de piedras prehispánicos de la isla de La Palma son parte de unas señas identitarias. Sin embargo, la investigación prehistórica relativamente los ha marginado de sus estudios, se les ha otorgado un papel secundario, que tiene que ver también con la falta de estética y de sentido. A pesar de ser uno de los campos menos valorados en la arqueología insular, desde que comprendimos la razón de su ubicación y el destino consustancial, esto es, los motivos de su construcción, podemos reclamar el mayor de los protagonismos al estar implicados en un claro proceso que le da sentido de renacimiento: la marca del inicio del Año Nuevo.
Forman parte de un culto al aire libre en las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente, aunque no siempre en los lugares más elevados o destacados en el terreno; más bien, pasan desapercibidos. Existen unos 30 santuarios que albean cerca de 70 amontonamientos de piedras.

El solsticio de invierno. Los vigilantes del amanecer
La inercia ha llevado a todos los investigadores a la primera parte del famoso texto del fraile franciscano Abreu Galindo (finales del siglo XVI) sobre los festejos celebrados por los awara en torno a un montón de piedras en forma de pirámide (elemento), pero casi nadie se ha detenido en la segunda parte “…pero no dejaban de entender que en el cielo había a quien se debía reverencia; y al que ellos entendían que estaba en el cielo, lo llamaban Abora” (idea). Dada la ubicación sobre el terreno de muchos amontonamientos, sin apenas espacio alrededor o con grandes pendientes, es difícil sostener que estos fueran los que Abreu Galindo describe: “…venían todos allí, alrededor de aquel montón de piedra, y allí bailaban y cantaban endechas, y luchaban y hacían los demás ejercicios de holguras que usaban"
En La Palma, las condiciones medioambientales marcaron su disposición. Por eso, es frecuente encontrarlos por encima de los 1.900 msnm, no siempre en las cotas más altas del relieve. Antaño fueron conocidas como "aras de sacrificio", luego pirámides y hoy, más ajustado, amontonamientos de piedras. En 1997 las clasificamos en cuatro categorías, por su tipología constructiva y tipo de rocas empleadas, dada por las características del suelo y el tipo de piedras predominantes. Normalmente, las que se construyeron sobre un suelo de tierra se le hincaron grandes lajas fuertemente encajadas formando un perímetro, luego relleno de otras rocas; sobre suelo de piedra, el perímetro lo marcaba piedras más o menos grandes, hasta rellenar el hueco interior con otras rocas de diferentes tamaños.
Una nueva clasificación más ajustada a las tipologías nos conducen hasta 8 variantes:

Perímetro // Relleno
A. lajas hincadas //lajas
B. lajas hincadas //rocas
C. lajas hincadas //lajas y rocas
D. grandes rocas //rocas
E. grandes rocas //rocas y lajas
F. rocas más pequeñas //lajas
G. rocas más pequeñas //rocas
H. rocas más pequeñas //lajas y rocas
Para una mejor comprensión y organización, podemos dividir todo el territorio en 4 sectores:
1. Desde Pico Corralejo (Santa Cruz de La Palma) hasta la Degollada de Franceses (Garafía). Los amontonamientos de este sector tienen fundamentalmente como referencia topográfica la parte más alta de la isla de Tenerife, presidido por el Teide. Por eso, en La Palma se localizan sobre la misma crestería.
2. Desde Los Andenes hasta el Roque de Los Muchachos (Garafía). Las referencias son con las elevaciones de Fuente Nueva, Los Frailes y Roque de Los Muchachos.
3. Desde La Crespa (Garafía) hasta Las Mosqueras (Puntagorda). Abarca toda la zona de las Cabeceras de Izcagua y se religa con La Crespa, Degollada de Izcagua, Roque Chico y Las Mosqueras.
4. Desde La Crespa (Puntagorda) hasta Pico Palmero (Tijarafe). La referencia abarca los distintos picachos de La Crespa, La Trocha, ambos lados de la Degollada de Las Palomas y Pico Palmero.
La mayoría se dispersan individualmente por el territorio; otros se encuentran formando grupos. Así mismo, diferenciamos dos tipos referenciales con dos subtipos por el número de amontonamientos, siempre con el amanecer durante el solsticio de invierno:
A. Un solo amontonamiento de piedras actúa como eje y la montaña como mojón referencial. Mayoría de yacimientos.
B. Varios amontonamientos de piedras alineados con la montaña como referencia. Presenta dos subtipos:
B.1. Dos amontonamientos de piedras alineados. Lo encontramos en cuatro yacimientos (Corralejo, Barbudo II, Cabeceras de Izcagua V y Llano Las Ánimas I).
B.2. Tres amontonamientos de piedras alineados en dos yacimientos (Cabeceras de Izcagua I y V).
Por otro lado, y esto es una primicia de suma importancia, hemos comprobado la existencia de dos marcadores astronómicos en las cumbres de Garafía:
- Marcador lunisolar de Las Lajitas, con las prototipicas referencias al solsticio de invierno y el lunasticio (con la primera luna llena después del solsticio de verano) sobre la montaña más elevada de la Isla, el Roque de Los Muchachos.
- Marcador solar de Cabeceras de Izcagua V, establecido mediante alineamientos de amontonamientos de piedras (solsticio de invierno, solsticio de verano y equinoccios).

Referenciar con la montaña
Los awara construyeron, destacaron e interiorizaron humildes, sutiles y simples estructuras a las que le dieron evanescencia vital. Descubrieron una belleza íntima que se encuentra en los detalles más pequeños del arte presente en la naturaleza (imagen de la montaña), usando la brevedad para exaltar la intensidad de la expresión sobre un espacio en armonía con la naturaleza. Los pequeños majanos prehistóricos se construyeron como puntos o ejes (axis) para referenciar con la montaña. Son verdaderos montículos cósmicos; se hallan conectados con el cosmos mediante alineaciones con las posiciones de la salida del Sol en el horizonte montañoso en el solsticio de invierno (indicadores para señalar la salida del Sol).
La cima de la montaña cósmica no sólo es el punto más alto de la tierra, es también el ombligo de la tierra, el punto donde la creación comenzó. Un amontonamiento de piedras, como creación del hombre es una réplica de la cosmogonía, es una montaña artificial; esto significa que cuando nos acercamos, lo hacemos al centro del mundo. El modelo del amontonamiento es la montaña. La mayor cualidad de la montaña es el hecho de estar elevada. El awara, al imitar esa expresión, construye santuarios para fijar en el terreno la inmanencia de Dios.
Cada fenómeno alude a otros fenómenos. Por eso, lo que cuenta es la relación entre los fenómenos y, posteriormente, una explicación global. Un amontonamiento de piedras, al igual que un grabado rupestre, son vehículos de relación; son valores y signos. Por lo tanto una sociedad no es sus utensilios y objetos; la sociedad es un sistema total de relaciones que engloba aquél y el resto de aspectos económicos, jurídicos, culturales y religiosos.
Los amontonamientos engloban una noción de encuentro y de frontera, así como otros conceptos relacionados de carácter simbólico. Aquellos lugares que configuraban o representaban puntos de transición entre un espacio y otro tenían una connotación especial. Lugar de hermanamiento con el Sol, asociado a su localización en un punto destacado de la topografía. Pilares o columnas que permitían medir la posición solar anual al permitir calcular la llegada del solsticio de invierno y establecer el resto de las actividades cotidianas y festivas. Estos lugares se constituían, además, en espacios sagrados y en espacios divinizados, especialmente en aquellos momentos del año en que los astros celestes pasan y se asientan allí. Por ello, no nos cansamos de repetir que las estructuras de piedra fueron construidas para predecir y avistar la alineación astronómica del solsticio de invierno. Marcan el paso del tiempo, siguiendo un circuito preestablecido.
También la consagración religiosa de puntos en la superficie de la tierra, como los montículos de piedra, evidencian una aproximación religiosa de tipo esencialista al espacio natural. Por un lado ellos crean paisaje, sus dimensiones y posicionamiento en el terreno demuestran una intencionalidad de permanecer, de transformarse en paisaje perenne y de marcar el terreno de forma definitiva e indeleble.
Llegados a este punto queremos resaltar que, de momento, en La Palma hay dos montañas que tienen una connotación especial, porque especial es la orientación de dos paneles de grabados rupestres en La Fajana y Cementerio (El Paso), hacia el Bejenado sin tener nada que ver con la regla general de buscar el Sol y en La Erita (S/C de La Palma) con un panel sobre un pequeño dique que mira al Pico de La Nieve.
Nos es obligado destacar la importancia de la montaña como un “ser ordenador” de la vida social, política y religiosa. La ideología que subyace, entonces, nos eleva la mirada al encuentro de Abora. Debido a que las montañas eran, sin lugar a dudas, adoradas, ellas proporcionan la evidencia de los conceptos religiosos prehistóricos. Cuesta creer la trascendencia que han tenido los enormes colosos, llegando a representar el “axis mundi” (Elíade, 1994) de muchas culturas; el lugar donde se está más cerca del Sol y de la Luna, dioses ordenadores y reguladores de la vida espiritual, moral y social.

Sin dejar de ver la tierra, la montaña toca el cielo
La respuesta está en el cielo. El estudio de las montañas y de las ruinas que en ellas se encuentran es importante para la comprensión de muchos aspectos de la religión. Las altas montañas “acercan hacia el Sol” a aquellos que practican el culto. Así mismo, la mayoría de las aberturas de las construcciones apuntan con precisión astronómica hacia el sureste (solsticio de invierno), punto de encuentro entre los picos y la diosa Abora.
Desde la distancia, el paisaje es engañoso. La visión de los astros en el cielo varía mucho en pocos metros. Es normal entonces, que los hombres organicen su espacio, lo consagren y lo carguen de significado. Elementos naturales, acorde a las necesidades del momento, cobran mayor o menor relevancia, se crea una distinción entre lugares comunes. El símbolo del amontonamiento es exactamente equivalente al de la montaña. Están alineados siguiendo patrones astronómicos, y representan la obra magna de los awara al servicio de la espiritualidad. Desde su posición se observa hacia la montaña la puerta de la Gran Madre. La puerta del mundo de la luz celestial se encuentra donde se abrazan el cielo y la tierra.

¿Diseñaron los awara sus paisajes rituales de una manera deliberada?
La tecnología basada en la brújula y los satélites de colocación global (GPS) fue la que utilizamos en el trabajo de campo para trazar la posición exacta de cada monumento y para obtener los datos posicionales entre cada construcción y su característica natural más cercana respectiva del paisaje.
Este grado de precisión por el que los monumentos se orienten hacia las características naturales del paisaje en función de un acontecimiento astronómico no parece ser fortuito, sino totalmente deliberado. Implica que podemos ver evidencias de una técnica aplicada al paisaje en una escala nunca considerada antes. Esto sugiere la existencia de una fórmula o sistema. Los amontonamientos de piedras alineados constituyen en efecto la formación de un paisaje ritual.
Existe una intención en la observación sobre los elementos naturales más elevados (degolladas, picos y resaltes rocosos) en las cumbres sobre La Caldera de Taburiente. Esta observación confirma que la colocación de monumentos fuera intencional.
A modo de ejemplo, mostramos las coordenadas de Santa Cruz de La Palma, sin tener en cuenta la declinación magnética (el efecto de las rocas). Para el resto de la isla no varia mucho.

* Solsticio de Verano azimut: +62º31 salida - puesta +297º29´
* Solsticio de Invierno azimut: + 116º28´ salida - puesta 243º32´
* Equinoccio de primavera azimut: +89º26´ salida - puesta 270º24´
* Equinoccio de otoño azimut: +88º35´ salida - puesta +271º25´
(Azimut para los días 21 de marzo, junio, septiembre y diciembre, según Cartes du Ciel).

Ahora bien, cuando usamos sólo una brújula, el efecto magnético de nuestro territorio volcánico, altera los grados, así como la altura; de manera que las medidas aproximadas se sitúan en los 70º para el orto del solsticio de verano, 125º para el orto del solsticio de invierno, 250º para el ocaso del solsticio de invierno y 300º para el ocaso del solsticio de verano.
Los yacimientos arqueológicos están donde están por algún motivo, no se deben al azar. Los santuarios, en cualquier cultura, tienen una distribución sobre el terreno muy estudiada. Los investigadores y curiosos pueden pasar por estas obras sin darse cuenta del mensaje cifrado que encierran. Ahí están, siglo tras siglo, contando al aire un estímulo estético, formando parte de la naturaleza, influyéndola y transmitiéndole su sentido y razón de estar ahí. Forman parte del paisaje y de quienes lo contemplan y lo viven.
El mayor paradigma de la arqueoastronomía es que los aspectos sintéticos están orientándose hacía direcciones astronómicamente significativas y no es una situación casual.

3. La orogelatría (culto a la montaña)

“Los awara fundamentaron una sociedad cuyas cosmovisiones y elementos simbólicos están en relación con las montañas y el cosmos”

En todo el mundo la montaña ejerce cierta atracción mística. En todos los tiempos, y todas las religiones, la montaña ha tenido un sentido privilegiado, como lugar de residencia de los dioses, como deidad en sí misma o como emplazamiento de los más importantes templos. Es normal encontrar la montaña con un buen número de significados según las culturas: la montaña en los relatos cosmogónicos y legendarios, la montaña como morada de espíritus, la montaña como morada divina, la montaña del mundo, la montaña como lugar de culto, la montaña personificada y objeto de culto y la montaña sagrada artificial (pirámides y amontonamientos).
La relación entre yacimientos religiosos, elementos del paisaje terrestre y elementos del paisaje celeste es más habitual de lo que podemos creer. Esa idea de conexión es consustancial en el hombre acostumbrado a vivir al aire libre y mirar al cielo. Un paisaje se presenta como un rompecabezas: llanos, barrancos, montañas, roques, conos volcánicos, coladas, árboles… Ese desorden posee un sentido oculto; según Octavio Paz (1993): “Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo”, no es una yuxtaposición de formas diferentes sino la reunión en un lugar de distintos tiempos-espacios. El paisaje es diacrónico y sincrónico al mismo tiempo. Luego, las ideas modificaron su imagen del mundo.
El concepto de montaña entra dentro del simbolismo de la ascensión y tiene carácter múltiple ya que participa de la idea de centro y de lo ascensional. La montaña en tanto que alta es vertical, elevada, se aproxima al cielo y participa del simbolismo de la trascendencia. En cuanto centro sirve para manifestar las hierofanías atmosféricas y numerosas teofanías. Por otra parte, la montaña es punto de encuentro del cielo y de la tierra, es morada de los dioses y término de la ascensión humana. Además la montaña expresa también las nociones de estabilidad, inmutabilidad y hasta pureza. De una forma general es a la vez centro y eje del mundo.
Una montaña se sacraliza y sigue siendo una montaña, nada -aparentemente- la distingue de las demás. Pero, para quienes la sacralizaron, su realidad de montaña se transmuta en realidad sobrenatural, dejando de ser lo que era y cobrando un simbolismo particular. Ya no está en el caos del universo, está marcando un punto fijo, un lugar en el espacio. Esta creación social del espacio es una constante en las diferentes culturas, quienes crean y recrean el “Centro del Mundo”, traspolando y reproduciendo este modelo o imagen de mundo ideal en diferentes escalas y lugares.
La montaña es una llamada a lo alto, a lo trascendente, de ahí que se la presente como una escalera fabulosa que ofrece una realización a los sueños. Es la montaña la cima de la humanidad, el punto a donde desciende la divinidad y se encuentra con el hombre que sube, por ello se la toma como símbolo de la reunión: es por tanto el primero y más sagrado de los santuarios, el arquetipo de todos los templos.
“Una montaña se sacraliza y sigue siendo una montaña, nada -aparentemente- la distingue de las demás. Pero, para quienes la sacralizaron, su realidad de montaña se transmuta en realidad sobrenatural, dejando de ser lo que era y cobrando un simbolismo particular. Ya no está en el caos del universo, está marcando un punto fijo, un lugar en el espacio. Esta creación social del espacio es una constante en las diferentes culturas, quienes crean y recrean el "Centro del Mundo", traspolando y reproduciendo este modelo o imagen de mundo ideal en diferentes escalas y lugares. Los colonizadores españoles representan un ilustrativo ejemplo de ello; cuando planificaron urbanísticamente las ciudades lo hicieron con el modelo de damero que tenían en su terruño, así también la designación, distribución y los tipos de solares; cuando cultivaron los campos, tiraron por tierra miles de años de experiencia indígena e impusieron sus métodos y técnicas, así también despojaron a las llamas de su hábitat natural para introducir ovejas y cabras que, aunque poco adaptadas al hostil medio altiplánico, reemplazaron a las especies americanas. Todo esto refleja la necesidad de vivir mas cerca del "Centro del Mundo", es decir, del mundo ideal creado socialmente por esa cultura y reproducido en cuanto lugar ocupe”. (www.geocities.com/latrinchera2000/articulos/mont5.html).
En las cumbres más altas, la tierra deja de ser terrenal y se funde con el firmamento. La montaña es el templo más sagrado, eje astronómico y punto central donde Abora se reencuentra todos los años y pilar del sol naciente, símbolo de la reunión (hombres-astros).

Axis mundi
El simbolismo del axis mundi es complejo; el eje sostiene el cielo y asegura a la vez la comunicación entre cielo y tierra. Cerca de un axis mundi cuya situación se concibe en el Centro del Mundo, el hombre puede comunicarse con las potencias celestes. Es metafóricamente el eje que une el centro del mundo terrenal con su arquetipo celeste, en nuestro caso figurado en el eje solsticial. Este eje cósmico se relaciona con la montaña sagrada, en cuya cima se juntan cielo y tierra.
Las islas ya eran un axis mundi, siempre fueron lugares sagrados en la antigüedad. Constituían el punto estable, la seguridad, el cosmos, en medio del gran caos del mar. Para el navegante antiguo, un viaje a mar abierto era un salto hacia el misterio, hacia lo desconocido. La predisposición de ánimo era religiosa, de aventura a la vez física y espiritual.
En La Palma, El Roque de Los Muchachos puede representar la primera aproximación del axis mundi awara. Todo gira en torno a esa estaticidad del eje como símbolo que dentro de la mitología natural era representado por las montañas más sobresalientes de la orografía.
El axis mundi es imprescindible en la organización espacial cosmológica. Como centro de todo y comunicador entre los planos, es el elemento que brinda coherencia al sistema. A través de él se establece una difícil comunicación entre los planos, los cuales atraviesa este enorme eje cósmico. Centro del mundo, es un lugar donde de comunión entre los planos, sus fuerzas y seres que los pueblan. Es el punto donde la relación con lo sagrado es más eficaz y directa, un punto crucial que otorga al conjunto espacial la necesaria coherencia, organizando en torno suyo la integridad del cosmos.
Puede ser este centro un pilar, una montaña, una escalera o una enredadera cuyo simbolismo refleje la comunicación entre los distintos espacios. En él se aúnan las fuerzas del universo. Su imagen, sea esta cual sea, goza de una función dinámica ya que es un lugar de paso activo y de transición donde se produce la unión de seres de diferente naturaleza, incluso opuesta. Es un lugar donde se resuelve la contradicción y la oposición a favor de la unicidad que el total demanda.

Imago mundi
El terreno sagrado es un imago mundi, los amontonamientos, canales y cazoletas y grabados son un imago mundi; es decir, la visión del hombre como centro del universo representado en miniatura.
El imago mundi como “Centro” se repiten en el mundo habitado. El Centro es precisamente el lugar en el que se efectúa una ruptura de nivel, donde el espacio se hace sagrado, real, por excelencia. El Centro es la irrupción de lo sagrado en el mundo. Es pues a partir de un Centro desde donde se proyectan los cuatro horizontes solsticiales.

4. Re-ligación entre tierra y cielo

“Cuando el hombre busca la altura es para encontrar el cielo”

Las sociedades primitivas tienden a sacralizar aquello que no controlan y les sobrepasa, confiriendo carácter sagrado a un amplio número de lugares, de seres vivos y, como no, al cosmos o bóveda celeste que les envuelve y de la que proceden la mayoría de los acontecimientos que regulan su vida. En el cielo se producen la mayoría de los fenómenos decisivos para la supervivencia. De él viene la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la lluvia o la ausencia de ella, etc., y por esta razón dichos fenómenos han pasado a formar parte de la narrativa o mitología de todas las culturas, muchas de las cuales ubican en el cielo el origen de todos los acontecimientos que superan el control humano, así como la morada de los dioses o de otros seres sobrenaturales. La bóveda celeste, suspendida permanentemente sobre sus cabezas, tuvo que servir también de fundamental referente espacial y temporal
Amontonamientos, canales y cazoletas y petroglifos son los mensajeros en la religación. Todo lo que pasa en el cielo afecta a la tierra decisivamente. Además, los de la tierra tienen que realizar algunas actividades en reciprocidad, para que el efecto inverso (de la tierra sobre los cielos) sea beneficioso. Al parecer, las antiguas culturas han considerado la reproducción en la tierra de lo que ven en el cielo.
A través del significado específico, particular, en el espacio podemos adquirir otra visión del paisaje, donde se encuentran los restos materiales de culturas pasadas pero con un código diferente al nuestro. El paisaje no es únicamente un objeto físico, sino que es el resultado de un marco ambiental concreto modelado a través de la acción humana y cultural que, por su parte, se basa en una concepción particular del espacio.
Cada espacio geográfico tiene su personalidad y encadenamiento único e irrepetible de acontecimientos históricos, ocurridos bajo determinadas circunstancias sociales, desencadenadas por decisiones u omisiones de actores que tuvieron el poder o la influencia para decidir el presente y futuro de cada grupo. En la llamada "geografía sagrada" se concibe de esta manera al espacio geográfico, mediatizado por la dimensión religiosa en particular y la cultural en general. Las deidades awara, estaban ligadas con los elementos tangibles de la naturaleza, como el Sol, la Luna, las estrellas, las montañas, etc. “La geografía sagrada sugiere una mirada diferente al paisaje, intenta descifrar el palimpsesto espacial. Esas montañas, vertientes, lagunas, ríos, salares y otros tantos accidentes geográficos son hoy, para nosotros, pura materialidad inerte; geología, geografía, hidrología, climatología y otras tantas disciplinas son las encargadas de estudiar al detalle todos los fenómenos, su origen, evolución, componentes químicos y demás. Pero esos mismos accidentes o fenómenos, esa materialidad inerte, atravesada por la dimensión cultural, cobra vida, sufre una metamorfosis semiótica, se carga de un significado (religioso en este caso) que es o fue trascendente y compartido por muchas personas” (Christian Vitry www.naya.org.ar/museo/salta/incas.htm).
El apoderamiento territorial perpetrado por los awara no fue solo en un sentido “horizontal” sino también “vertical”, es decir, dirigieron sus miradas y esfuerzos hacia las enormes montañas y el cielo. Los antiguos canarios veían a las montañas como la materialización de sus deidades, por tal motivo y desde siempre le rindieron tributos en los santuarios de altura.
Los amontonamientos son marcadores espaciales y temporales (astronómicos) y señalan los lugares donde se descubrían nuevos horizontes en relación con los accidentes capitales de la naturaleza (en ese punto).

Desde este momento iniciamos el estudio pormenorizado de cada uno de los amontonamientos de piedras de la cumbre insular de la antigua Benawara. Este blog inicia su andadura recogiendo los frutos de un trabajo de campo de muchos años con prospecciones arqueológicas y mediciones astronómicas, siendo conscientes de que por delante queda un trabajo de muchos años. Estaremos pendientes con las cámaras fotográficas y filmográficas todas las navidades para recoger el momento justo del amanecer. Y se lo iremos mostrando.